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En el marco del XXV Foro de Sao Paulo, que acaba de clausurarse en Caracas, ha surgido una curiosa, como risible declaratoria de guerra contra los Estados Unidos, por parte del exteniente venezolano Diosdado Cabello, coordinador de dicho evento, y el nmero dos en la satrapa chavista, que gobierna Venezuela actualmente.
Simultneamente a ese acto hubo una mal llamada marcha, por la paz y la unidad de los pueblos, donde algunos ciudadanos; organizaciones sociales y partidos polticos de izquierda, de los pases que asistieron a esa entelequia, que cost 200 millones de dlares a las arcas de una Venezuela despojada, para caminar en apoyo al dspota que viola los derechos humanos; fortalecer la alianza mundial de las izquierdas, frente al imperialismo norteamericano; y protestar contra las sanciones impuestas por EE.UU. a Venezuela y Cuba.
Al margen de las dudosas dignidades que el fallido exmilitar ostenta en su vasto prontuario, presume de ser el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, exvicepresidente y presidente de la Repblica, Gobernador del Estado Miranda, jefe del Crtel de los Soles y comandante de los colectivos armados, que tanto terror y muerte siembran a lo largo y a lo ancho de la querida tierra venezolana y, otros ttulos que despertaran la envidia del norcoreano Kim Jong-Un.
Entretanto, lo estremecedor de esta amenaza blica es la suerte que correra el odioso imperio norteamericano, de ser derrotado por Diosdado Cabello y sus tropas, en la guerra absoluta. Es posible que las palabras del profesor comunista portorriqueo Julio Muriente, en la clausura del Foro, sospechosamente coincidentes con los hechos que se vienen desarrollando en Puerto Rico, fueron lo suficientemente premonitorias al advertir sin sonrojarse: que estn prestos a crear en la isla un paraso como Venezuela Dios salve a los boricuas!
Haciendo un ejercicio de alcances profticos, dichos vaticinios concluiran en que los norteamericanos tendran que importar la feroz inflacin que devora cada minuto la economa venezolana; adems, ya no se necesitara erigir un muro para frenar la inmigracin indeseable, pues ellos mismos emigraran, como los venezolanos, a latitudes insospechadas; todos los miembros del Crtel, y sus compinches de la regin, ya no tendran por qu temer al fantasma de la extradicin, pues as como acaban de ofrecer asilo a los prfugos de la justicia colombiana, Jess Santrich e Ivn Mrquez, destacados narco firmantes del acuerdo de paz con las FARC y diligentes exportadores de cocana, tendran Green Card, como el color de la coca, o permiso de residencia permanente en los EE.UU.
Finalmente, como si de un doble agente de inteligencia se tratara, las declaraciones de este energmeno no hacen sino pintarlo como en realidades, Un guerrero muy descabellado.