Martes 17 de febrero 2026

Evadas atormentadas



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De pronto, en medio de un silencio ensordecedor, todo qued inmvil y, hasta el reloj de la iglesia que acompa mi infancia, detuvo sus campanadas. El mundo entero paraliz su marcha, al ritmo que le impone un malfico virus, dejando a su paso un tendal de muertos en casi todos los pases del planeta.

Quienes habitamos por ms de siete dcadas en este mundo, no recordamos un fenmeno similar al que estamos atravesando, muy propio al de los relatos bblicos que, con carcter proftico, se anuncian en el libro de las Revelaciones de Juan. Empero, sin pecar de tremendistas, y menos de pesimistas, consideramos que esta pandemia que nos asola tendr un fin feliz y pasar a los anales de la historia, como una ms de esas pestes que atribularon a la humanidad desde tiempos remotos, y una prueba dirigida a la humanidad, para mudar su conducta.

Como despertando de un mal sueo, volveremos a un mundo distinto, donde apreciemos a la naturaleza con el amor y respeto que se merece. Baste ver hoy, en las canchas del Club de Golf de Mallasilla, la aparicin de cervatillos y nuevas especies de aves que, ante la ausencia del humano, vuelven a posar su paso por all, o las gradualmente limpias aguas del Choqueyapu, libres de las aniquilantes descargas industriales que las contaminan desde tiempos inmemoriales.

Algo similar est pasando en los ros de Santa Cruz, donde han vuelto a aparecer especies de peces que parecan haberse extinguido hace muchsimo tiempo. Ese portento, o es el anuncio del Apocalipsis, o es el anuncio de un mundo mejor.

Esta versin optimista del fin de la pandemia tiene, asimismo, sus aristas espeluznantes, como los demonios de ojos rasgados que la liberaron generando una guerra biolgica, a travs de agentes del mal, que tienen como principal tarea diseminar el virus por todos los confines del planeta; y los transmisores gratuitos que, como Evo Morales, ven en esta catstrofe la victoria de una supuesta tercera guerra mundial por parte de China, sin disparar ni un solo tiro.

En este punto, es preocupante la salud mental del exdictador cocalero cuando, con frecuencia esquizoide, incita al exterminio colectivo de nuestra sociedad, con la naturalidad de un asesino serial. Si no es hacer saltar por los aires la planta de Senkata, llevndose por delante miles de vctimas alteas, imparte consignas para dejar sin alimentos, agua y medicinas a sus propios coterrneos y, desde su mansin bonaerense, instruye la interrupcin de la cuarentena en nuestro pas, para lograr su ambicionado retorno, a travs de una solucin por el desastre.

Es ms, irrespetando al Caballero Andante, sugiere la quijotada de utilizar la casa del pueblo como refugio de esos paisanos, que l financia para cruzar las fronteras, y lanzar desde el piso 22, sus virus, diatribas y bombas a Da. Janine.

De semejante actitud, slo podemos inferir que: la soledad; el excesivo consumo de psicotrpicos; la ansiedad por la captura de su lugarteniente Faustino Yucra, verificando la autenticidad del video narcoterrorista; el coronavirus, etc., son la matriz de estas evadas atormentadas.