Domingo 15 de febrero 2026

Idólatras del Diablo



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En un merecidsimo acto realizado la maana del pasado viernes en la ciudad de Santa Cruz, con asistencia de la presidenta Jeanine Aez, se rindi homenaje a los cados y sobrevivientes de la guerrilla de ancahuaz, donde se destac el valor y la entrega de los jvenes bolivianos que enfrentaron y aniquilaron la artera invasin del psicpata argentino Che Guevara que, con una pandilla de sicarios comunistas lleg a Bolivia y, sin que medie razn o declaratoria formal de guerra, iniciaron su tarea criminal, un emblemtico 23 de marzo de 1967, asesinando siete inocentes soldados y tomando una veintena de prisioneros.

Un mes despus de esa cobarde emboscada se desvel la verdadera intencin del sayn en su mensaje a los Pueblos del Mundo ledo en la Tricontinental, una entelequia creada por Cuba con la misma habilidad y propsitos del Foro de Sao Paulo y de Puebla actuales, cual es el de perennizar su existencia parasitaria.

En dicho mensaje Guevara exalt el odio como un factor de lucha: odio intransigente al enemigo, que impulsa ms all de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fra mquina de matar. Nuestros soldados,dice: tienen que ser as; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal. Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversin; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y an dentro de los mismos: atacarlo donde quiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral ir decayendo... Esta fue la carta de presentacin del agresor, junto a su icnica imagen que an pervive en la camiseta y en el cerebro de muchos terroristas y con inexplicable orgullo, la lucen pegada en sus cascos algunos falsos mineros.

Bastaron slo 200 das del vil asesinato de nuestros inocentes soldados, para que la providencia infunda en el espritu de nuestros oficiales y tropa, el valor y bizarra suficientes para dar fin con esa aventura criminal que cost a nuestras FF.AA. 86 bajas, entre muertos y heridos, en todo el transcurso de suocurrencia.

Fue un 8 de octubre de 1967, cuando los facciosos intentaban descender por la Quebrada del Yuro, que fueron rodeados por fuerzas comandadas por el entonces capitn, Gary Prado Salmn, donde luego de tres horas de combate, el Che fue capturado y, suplicando por su vida, mostr su verdadero temple timorato, muy distinto a aquel que exiga de sus combatientes. El propio Regis Debray dijo: "el Che Guevara no fue a Bolivia para vencer, sino para perder".

Curiosamente, la historia fue muy benvola con este sujeto, pasndolo de villano a hroe y ocultando todos sus crmenes. Ni a los cipayos ms obsecuentes de la India se les habra ocurrido erigir recordatorios en memoria de sus esbirros, como algunos bolivianos con el Che, y menos en detrimento de susdefensores.

Los pueblos que no reverencian a sus hroes, y no enaltecen sus victorias, estn condenados a la ms oprobiosa mediocridad. Peor an, sistos se dan a la indigna tarea de endiosar la memoria de sus enemigos erigindoles monumentos. Ellos no merecen ni siquiera su existencia, como simples idlatras del Demonio.