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Don Jorge Soruco Villanueva, as como fuiste un ejemplar hijo, padre y hermano, cuyos frutos saboreaste en los logros de tu entorno familiar, tambin fuiste un gran amigo; querido Kato, con dotes que iluminaron tu vida en los momentos de triunfo y alegra, y donde no estuvieron exentas tus hbiles labores empresariales y tus excelentes servicios diplomticos a nuestra Patria.
Con el corazn contrito y el alma desolada,el destino nos depar tu inesperada misa de despedida, en los albores de un domingo 7, silente y llena de simbolismo, quizs con el propsito de mitigar nuestro inmenso dolor recordndonos que, mientras enjugbamos nuestro llanto, nos recordaba que ya habas alcanzado el reino del Seor y estabas junto a tus padres y tu amada hermana cobijado por el manto de Nuestra Seora de Urkupia, que tanto veneraste.
Esta congoja, que lacera el alma de quienes te quisimos y admiramos con fervor profundo, slo puede mitigarse con la perennidad de tu memoria y con el interminable recuento de tu anecdotario, donde nunca olvidaremos tu devocin porDon Quijote de la Mancha, cuya lectura convertiste en un verdadero breviario. Qu lstima nocontar con el Blsamo de Fierabrs para retener tu partida, esa misteriosa pocin mgica, cuya composicinconoca nicamente nuestro caballero andante.
Cmo no recordar tus certeros presentimientos, cuando en una reunin de Zoom no muy lejana nos advertiste, con vocacin de nigromante, que todos pasaramos por las garras de esta diablica peste china y, parafraseando a un humorista te respondimos que nadie tema a la muerte, slo que nadie tampoco quera estar presente en el momento que sta ocurra.
Presentimos que, como clarividente, tu sensibilidad y tu ingenio te indujeron a eludir muchas tristezas o tal vez Dios, en su profundo amor por ti, determin que la premura de tu viaje en el znit de tu existencia fuese para ahorrarte escenarios que lastimen la sensibilidad de tu espritu, como el pesar de ver a nuestra noble patria nuevamente sojuzgada y sumida en el despotismo; o la crisis sanitaria que se cierne sobre la Bolivia que tanto amaste.
Tus momentos de xito y alegra los viviste con el triunfo de tus hijos ycon el cario de tus amigos. Fuiste joven y dinmico hasta las ltimas horas de tu vida y ese mpetu que aplicabas en tus exposiciones,fueron elsigno inequvoco de tu autenticidad, siendo sencillo sin ser dbil y estricto sin ser prepotente o arbitrario.
Tan lejos de ti en el momento postrero de tu partida, slo nos dejaste el consuelo de un sentido llanto y la esperanza de volver a encontrarnos muy pronto, donde los ngeles travesean. Hasta entonces, vaya para ti querido Kato este rquiem, al hermano y amigo, y un breve adis al Ilustre Embajador.