Sábado 14 de febrero 2026

El Rayo sólo cae en las Cumbres



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Con la libranza de una discutible orden de apremio en contra de la expresidenta Jeanine Aez y dos de sus ministros, acaba de confirmarse aquella vieja sentencia que reza: Vivimos en el pas del revs, donde el ratn caza al gato y el ratero enjaula al juez.

A propsito de esta prctica intimidatoria a la que nos tiene acostumbrados el gobierno, en una anterior entrega hicimos nfasis sobre uno de los pasajes de la obra de Mario Puzo El Padrino en el que el jefe mafioso, al reconvenir a su violento sobrino, le espeta: No odies a tu enemigo, pues el odio te hace perder la objetividad de tus actos. Nunca mejor aplicada esa frase, como a los momentos que el gobierno nos hace vivir estos das, con la malhadada orden de aprehensin. De la forma ms burda se ha tratado de aplicar la espeluznante justicia comunitaria a estos ex dignatarios de Estado.

Y no se trata de que los operadores del actual gobierno sean ignaros, por el contrario, son ms listos y tienen igual o mayor capacidad de maniobra que los de ninguna otra poca. Pero esa capacidad no les sirve de nada, pues al parecer, la sola sensacin de poseerla les sirve slo para cerrarse ms en s mismos y no usarla. Un necio es mucho ms funesto que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces; el necio, jams.

Lo que est ocurriendo con nuestros gobernantes es que creen tener las ideas ms concluyentes sobre todo lo que pasa y debe pasar en Bolivia. Se han vuelto sordos; ya no escuchan. Al contrario, juzgan, sentencian y deciden. Y, ciegos y sordos como son, pretenden imponer sus "opiniones" a rajatabla. No olvidemos que a un principio se lleg hasta a la intolerancia de rechazar la corbata, con el fin de uniformarnos con una moda originaria que no lograron crear hasta la fecha, y menos improvisarla.

Detrs de los famosos movimientos sociales, interculturales, indigenistas etc. se esconden los todo poderosos que se resisten a dar razones y tampoco quieren tener la razn, sino que, sencillamente, se muestran resueltos a imponer sus opiniones. Como sentenciaba Ortega: el derecho a no tener razn, la razn de la sinrazn. Lo que deja entrever la manifestacin ms palpable del nuevo modo de ser de las masas, por haberse resuelto a dirigir la sociedad sin capacidad para ello No es que el vulgar crea que es sobresaliente y no vulgar, sino que proclame e imponga el derecho de la vulgaridad o la vulgaridad como un derecho.

Como la civilizacin es, antes que nada, voluntad de convivencia, se es incivil y brbaro en la medida en que se excluye a los dems; como en la siembra del terror al pasar por degello a inofensivos perritos. La barbarie tiende siempre a la disociacin. Y as todas las pocas brbaras han sido tiempos de desquiciamiento humano, proliferacin de mnimos grupos separados y hostiles. Un estereotipo cabal y exacto de lo que nos ocurre a los bolivianos, que no solo est atomizando nuestra sociedad, sino que la arrastra al borde de una guerra incivil.

No hagamos depender nuestro destino de un dspota mesinico que slo cuenta con dineros sonsacados al pueblo, para imponer sus arbitrariedades y complejos. No marchemos hacia el fratricidio slo por satisfacer las ambiciones de un megalmano, cuyo proyecto ser ms fugaz que su locura. Finalmente, dejemos de maltratar a los buenos bolivianos, teniendo presente que El rayo solo cae en las cumbres, jams en los barrancos.