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Quien ha perdido todo vestigio de sensibilidad humana y la memoria de ese acto brutal que marc el inicio del manido proceso de cambio, como fue la degollina de perros del 7 de noviembre de 2006 en la localidad de Achacachi, previniendo a la media luna el comportamiento que seguira el MAS en el gobierno que acababa de asumir, no ha entendido todava la ferocidad a la cual pueden llegar.
En efecto, este brbaro acto de degello estuvo a cargo de un alto dirigente de los Ponchos Rojos, que a la sazn oficiaba de Alcalde de esa ciudad altiplnica, y que estaba llamado a ocupar los ms altos cargos del Estado Plurinacional, como el de Ministro de Desarrollo Productivo y, nada ms ni menos luego, que el de Presidente del Senado, la tercera funcin ms importante en la prelacin a la Presidencia del Estado.
Entretanto, como si de una sentencia o una advertencia premonitoria de esos talibanes andinos se tratara, es que sta se hizo realidad un ao ms tarde, cuando en un operativo policial fueron acribillados en un cntrico hotel de la ciudad de Santa Cruz tres extranjeros que la polica identific como terroristas mercenarios. Empresarios y dirigentes cvicos que fueron involucrados con su actividad presuntamente separatista, afirmaron entonces, que todo era un cruel montaje del Gobierno y que hubo ejecuciones muy similares al crimen de Achacachi.
Pasaron cinco aos, y una reforma de la Ley de Cooperativas que permita la sindicalizacin de sus miembros enfureci a los mineros, quienes procedieron a bloquear la carretera a Oruro; dicho acto despert esa fiebre fundamentalista inexplicable, que arranc esas imborrables declaraciones del presidente de la Cooperativa 20 de octubre de Siglo XX, Josu Caricari, antes de ejecutar al viceministro Rodolfo Illanes: "Si quieren matarme, est el Viceministro con nosotros, pasa algo, al primero que vamos a matar es a l tenemos dos cajones". No hubo auxilio.
Tanto odio, como factor de lucha, pareca emanar del mensaje del Che Guevara expuesto en 1967, en la conferencia de la Tricontinental. El odio intransigente al enemigo, que impulsa ms all de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fra mquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser as; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.Ejemplar psicpata!
Si pretendemos defender los principios democrticos, no caigamos en este relato de crueldad y violencia, especialmente ahora que asistimos con abulia borreguil a lo que hacen con la expresidenta Jeanine Aez, presa hace medio ao, sin motivo justo y con un silencio que nos convierte en cmplices de dichotrato ilegal.
Verla ingresar al Instituto del Trax en brazos de un polica, contraviniendo el fallo del Juzgado Segundo de Instruccin Anticorrupcin y Contra la Violencia hacia la Mujer, que autoriz la salida de la expresidenta para ser sometida a otro chequeo mdico en una clnica privada, pareca un anticipo de su cortejo fnebre decretado por el Movimiento al Sadismo.