Loading
La inmisericorde profusin de smbolos patrios, como: banderas, escarapelas, flores, y otro tipo de signos de distinto color y forma, instituidos en nuestro pas desde hace 15 aos por el Estado plurinacional, multilinge y folklrico, como una seal de multiculturalidad y unidad de las distintas etnias que lo habitan, lejos de cumplir ese loable objetivo, ha creado una atmsfera de fragmentacin y zozobra, que nos est llevando al fin de la democracia y al separatismo que tanto endilgaron a los hermanos orientales.
A esta absurda pelea de emblemas, y un afn demencial de implantarlos, a la fuerza, en la realidad poltica nacional, se han sumado los enfrentamientos entre grupos de oficialistas, apoyados por las fuerzas policiales versus civiles que se enardecieron ante el uso indiscriminado de agentes qumicos y dinamita, y de ser instrumentalizados como vctimas propiciatorias de una causa ajena.
Como otrora en el Tipnis, hay indgenas que han marchado durante 37 das, antes de llegar a Santa Cruz, y el gobierno indgena no ha hecho absolutamente nada para contactarlos y escuchar sus justas demandas contra el avasallamiento y quema indiscriminada de sus tierras, dejndolos en la ms absoluta orfandad. Slo atina a ofrecerles elevar el dilogo, del nivel viceministerial al ministerial y una serie de actos de desagravio a la whipala, una tela que no les significa nada.
De la misma forma, estas escaramuzas reavivaron la atmsfera de protesta que caracteriz la renuncia y posterior fuga de Morales, en noviembre de 2019, as como marc el inicio de un periodo de reveses sufridos por la agenda del MAS, que obligan al gobierno, controlado desde El Chapare, a echar marcha atrs en una serie de medidas como: la independencia institucional de los cocaleros de Los Yungas; el congelamiento de la Ley de Legitimacin de Ganancias Ilcitas; la suspensin de la declaracin del gobernador cruceo en la ciudad de La Paz; y el absurdo ofrecimiento a los indgenas de tierras bajas citado lneas arriba.
Esto pareciera guardar una enorme semejanza con el rgimen de Afganistn, retomado recientemente por los talibanes, despus de 20 aos de guerra, en medio de una generacin que ya ha conocido el mundo libre, y ahora debe obligar a sus mujeres, inexplicablemente, a renunciar a la educacin bsica y volver a la crcel de trapo y a sus hombres, en calidad de animales, al narcotrfico y a la prctica del terror.
Al parecer, todo este clima de contradicciones y amenazas a la paz social, guardan un estrecho vnculo con el inminente desmoronamiento del malhadado Foro de Sao Paulo, cuyas vicisitudes se expresan en las manifestaciones de protesta que se realizan frecuentemente en Cuba, similares a las del 7 de julio prximo pasado, la pavorosa situacin econmica por la que atraviesa Venezuela, la insalvable crisis poltica de Nicaragua, y as por delante, todo ese clima de terror, caos, y anarqua que surgen como trgico resultado de las famosas revoluciones socialistas del Siglo XXI, que si bien no han colapsado todava en un final de infarto, estn padeciendo de una seria arritmia poltica.