- 2010-09-12
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El hombre es el 鷑ico animal capaz de rebelarse contra los dictados instintivos de su especie para seguir su propia inclinaci髇.
Mariano Grondona
蓅ta es una 閜oca en que se necesitan personas dispuestas a ejercitar el cerebro, pensar aut髇omamente, criticar necedades y resistir cualquier contacto con los se駉r韔s de la mediocridad. Es cierto que, durante todos los tiempos conocidos por el hombre, quienes procuraron hallar la verdad no fueron tratados siempre de forma digna, cordial, siquiera decente; al contrario, a menudo, esas empresas recibieron un desprecio tan mayoritario cuanto radical.
Seg鷑 parece, la excepci髇 es preguntarse sobre los fundamentos de creencias, dogmas e instituciones que constituyan el orden vigente, pues incontables sujetos prefieren esquivar esas cavilaciones, aunque ello signifique convalidar patra馻s del pasado. No debe presumirse que los cuestionamientos conllevan, sin falta, la destrucci髇 del conjunto de certidumbres acumuladas por un individuo: si bien algunas ideas caer醤 debido a su vacuidad, hay otras que se mantendr醤 firmes porque tienen una base convincente. As, existen casos en los que, como ense馻 Jos Ortega y Gasset, basta "renovar las razones de nuestra certeza", es decir, ratificar el ideario merced a ex醡enes peri骴icos; no obstante, se presentar醤 tambi閚 circunstancias en las cuales cabe s髄o un nuevo comienzo. Siendo elevado el riesgo de consumar retractaciones, la temeridad es una condici髇 indispensable para que nuestra evoluci髇 pueda ejecutarse.
Los criterios consagrados por la sociedad para evaluar planteos, conductas u observaciones tienen que perder autoridad, ser degradados hasta cuando uno acepte su val韆. Cada individuo es el que debe concluir si comparte las opiniones precedentes, resultando execrable la sola referencia de maestros, escuelas, universidades, partidos, gremios, etc閠era. Trat醤dose del arte de vivir, yo soy quien corroborar los esclarecimientos que la comunidad estima notorios; la filosof韆, agitadora incomparable, viabilizar esta clase de dict醡enes porque me suministra los medios requeridos para encontrar mi propio rumbo.
La tarea es monumental, ya que pide hacernos cargo del sustento de nuestra existencia, mas nunca ser inevitable: aun cuando podamos seguir este camino heroico, sus rigores pueden eludirse gracias al gregarismo. Millones de seres humanos han agotado la vida sin preocuparse por estas cuestiones. Ellos se limitaron a tomar como suyo el c骴igo que otros hab韆n creado, sin importar sus contradicciones, por lo cual conservaron una sujeci髇 merecedora de ultrajes. Empero, con regularidad, esas personas son quienes tienen la fuerza suficiente para glorificar verdades y sancionar al que, cansado del alarido, no les d el gusto de renovar su eco. Estoy seguro de que ese silencio singular puede dar pie a un excepcional concierto, el 鷑ico en donde las voces valgan por s mismas.
El mortal que se caracterice por la criticidad est condenado a una perenne insatisfacci髇. Lejos de atemorizar, ese destino es bienvenido, pues 鷑icamente guarda coherencia con el progreso incesante que se persigue, cuyo cometido est plagado de vacilaciones en cuanto a las obras efectuadas.
No se trata de un descontento que revela modestias artificiosas; sus impugnaciones responden a la confianza en el perfeccionamiento del hombre. Jam醩 ser grato asumir la misi髇 de pedir al semejante un esfuerzo adicional, una enmienda que le ayude a terminar con los yerros, pero se lo hace porque nuestra esencia exige su realizaci髇. Afirmo esto porque siento que la obsesi髇 por no perturbar el sosiego de los dem醩, acaso perder su afecto, ha deteriorado nuestra convivencia: la nutritiva franqueza fue cambiada por una hipocres韆 nada edificante. Es probable que, si existe alg鷑 altruismo beneficioso, 閟te brote al momento de dar a conocer las falencias identificadas en el cong閚ere. Tal vez pasar del di醠ogo a la discusi髇, por efecto de las deficiencias expuestas, deba ser considerado como el mayor logro. La finalidad es conseguir que, aun por amor propio, ese otro sujeto resuelva acompa馻rnos en esta b鷖queda de respuestas, multiplicando los interrogantes, ayudando a derrumbar or醕ulos.
Una reprobaci髇 閠ica no debe permanecer cautiva en el dormitorio, alejada del lugar donde sus utilidades puedan advertirse. Pese a las predecibles frustraciones, estoy obligado a promover aquellos cambios que hagan posible la disminuci髇 del sufrimiento humano. Sucede que, mientras nadie denuncie las injusticias y trabaje para obtener su desaparici髇, 閟tas continuar醤 vinculadas a la cotidianeidad. Ninguna torre de marfil impide divisar opresiones que indignan a quien, aleccionado por Kant, concibe al hombre como fin en s mismo; su percepci髇 es habitual cuando uno decide combatirlas desde la profunda intimidad. Esto hace que nuestro mandato capital sea el de difundir su presencia e incitar al pr骿imo a levantarse contra todo absolutismo.
En consecuencia, habiendo tomado conciencia de que la realidad no es sublime, me queda perseguir una transformaci髇, buscar un escenario compatible con nuestras inclinaciones. Debemos esperar que la imbecilidad no sea todav韆 una pandemia incurable, por lo cual resulte factible su reversi髇 en determinados mortales. No pretendo lo anterior para intentar socorrer a la humanidad, abstracci髇 que releg acertadamente Unamuno, sino con el objetivo de salvar al individuo. Creo que lo venidero agradecer la propagaci髇 de mentes subversivas; al menos, entretanto contin鷈n apareciendo, el horizonte no estar regido por una tediosa monoton韆.
*Escritor, pol韙ico y abogado,
caidodeltiempo@hotmail.com