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- 2026-02-10
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El ministro de Hidrocarburos y Energías, Mauricio Medinaceli, reveló una cifra que explica la fragilidad económica nacional: Bolivia depende hoy de la importación para cubrir el 90% del consumo de diésel y el 50% de la gasolina. Según la autoridad, este escenario de desabastecimiento es la consecuencia directa de un "mal manejo" del sector energético durante los últimos 20 años de administración del Movimiento Al Socialismo (MAS).
Medinaceli recordó que, al entregar su despacho en el año 2006, el país gozaba de autosuficiencia en el mercado de gasolinas, una realidad que se diluyó con la caída en la producción de gas natural y líquidos. El ministro calificó la gestión anterior como "pésima", señalando que la falta de exploración y el descuido técnico obligaron al Estado a buscar combustibles en mercados externos para evitar la parálisis del aparato productivo.
Ante esta dependencia estructural, el Gobierno ha iniciado una investigación sobre la presunta "mano negra" denunciada por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). De acuerdo con la versión oficial, se habrían detectado acciones destinadas a afectar la operación de plantas estratégicas, lo que habría agravado la crisis de suministro que hoy golpea a transportistas y sectores agroindustriales en todo el territorio nacional.
La respuesta de la estatal petrolera ha incluido una reestructuración técnica que ya suma la desvinculación de 360 personas dentro de YPFB Corporación. Esta medida busca optimizar los recursos del Estado y depurar la estructura administrativa de la empresa, intentando recuperar la eficiencia perdida tras años de denuncias por falta de transparencia y burocracia excesiva en el manejo de los hidrocarburos.
El Ministro enfatizó que el incremento en los volúmenes de importación no es un hecho aislado, sino la culminación de dos décadas donde se priorizó el gasto sobre la inversión en exploración petrolera. Esta situación ha dejado al país vulnerable ante las fluctuaciones de precios internacionales y la disponibilidad de divisas, factores que hoy condicionan la estabilidad del suministro en las estaciones de servicio.
En el marco de esta reestructuración, YPFB asegura que se encamina hacia un fortalecimiento basado en el orden y la responsabilidad operativa. Sin embargo, el desafío inmediato sigue siendo la logística de importación para cubrir ese 90% de déficit en diésel, una cifra que pone en evidencia la urgencia de cambios profundos en la política energética boliviana para los próximos años.
La situación expuesta por Medinaceli confirma que la soberanía energética es, por ahora, una meta lejana. Mientras se busca estabilizar la operación de las plantas locales, el Gobierno centra su estrategia en limpiar la estructura de YPFB y detectar a los responsables de las presuntas irregularidades que han puesto en jaque el abastecimiento de los combustibles más críticos para la economía nacional.
El Dato de Cierre: En 2006 Bolivia no importaba gasolina; hoy, tras 20 años de gestión del MAS, el país debe comprar fuera de sus fronteras casi la totalidad del diésel que mueve su economía. #HoyBolivia25Años