Sábado 07 de marzo 2026

Militarizan el despacho de carburantes

YPFB inyecta 5 millones de litros de gasolina con aditivos bajo fuerte resguardo



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Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) intensificó este viernes el despacho de 5 millones de litros de carburantes desde las plantas de Senkata y Palmasola. La operación, lejos de ser rutinaria, se realiza bajo un estricto resguardo militar en un intento por asegurar la trazabilidad del producto ante las crecientes sospechas de desvío y mala calidad.

Bajo la lupa de La Mesa de Análisis, la presencia de las Fuerzas Armadas en las plantas estratégicas no es una señal de eficiencia, sino una admisión de la crisis de confianza que atraviesa la estatal. El despliegue de fusiles para custodiar cisternas revela que el control técnico y administrativo de la cadena de suministro ha sido superado por el caos social y logístico.

El gerente de Comercialización de YPFB, Nelson Mendoza, informó que se busca inyectar 3 millones de litros en Santa Cruz y 2 millones en La Paz. La novedad técnica radica en el uso de una gasolina aditivada con antioxidantes y detergentes, elementos que pretenden "reforzar la calidad" de un combustible que ha estado bajo fuego cruzado por las denuncias de los transportistas.

Desde la otra acera, los analistas del sector energético advierten que el uso de aditivos es un "parche" para ocultar la degradación de los carburantes importados que pasan demasiado tiempo en almacenaje. La militarización del despacho busca eliminar cualquier riesgo de "interferencias", una palabra elegante para referirse a la desconfianza ciudadana y la posible manipulación del producto.

Los operativos en la planta Discar SRL se mantienen desde la madrugada, con la salida de cuatro cisternas por hora. Este ritmo frenético de 500.000 litros cada 60 minutos intenta vaciar los inventarios acumulados para aliviar las filas en los surtidores, aunque la logística sigue dependiendo exclusivamente de la vigilancia de los efectivos militares para evitar bloqueos.

La estatal petrolera ha extendido el proceso de aditivaje a las plantas de Valle Hermoso, El Portillo y Puerto Villarroel, buscando cubrir todo el territorio nacional. Sin embargo, la dependencia de efectivos de las Fuerzas Armadas para garantizar que el combustible llegue a su destino subraya la fragilidad del sistema de hidrocarburos en un contexto de incertidumbre económica.

La mirada está puesta ahora en la reacción de los motores y el bolsillo de los paceños y cruceños. Si la gasolina aditivada no logra convencer a la calle, el resguardo militar en las plantas de almacenaje será recordado como el último recurso de una gestión que perdió el control sobre el recurso más crítico del país.

El Dato de Cierre: YPFB utiliza a los militares como último escudo para intentar validar la cuestionada calidad de los carburantes que distribuye en el eje central.


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