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- 2026-03-17
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Bolivia asiste a una puesta en escena en la planta de Senkata, donde la cúpula de la Confederación de Choferes ha dado su "visto bueno" a la calidad de la gasolina que distribuye YPFB. Mientras el ejecutivo Lucio Gómez recorría laboratorios, miles de transportistas en las carreteras reportan una realidad distinta: inyectores tapados y mecánicas colapsadas.
Esta inspección protocolar, bajo la lupa de La Mesa de Análisis, carece de rigor técnico independiente, ya que fue guiada por los mismos funcionarios que hoy son cuestionados por la importación de combustibles de dudosa procedencia. Se trata de un aval político que busca enfriar las protestas de un sector que se siente traicionado por su propia dirigencia.
El desarrollo de la visita incluyó tomas de muestras en tanques de recepción y pruebas de laboratorio dentro de las instalaciones de la estatal petrolera. Según YPFB, los estándares cumplen con la normativa vigente, una afirmación que choca frontalmente con el testimonio de los mecánicos en El Alto y Santa Cruz.
Desde la otra acera, los choferes de base aseguran que este "tour" de Senkata es una cortina de humo. Afirman que los dirigentes nacionales han perdido el contacto con el motorizado que trabaja 12 horas al día y que sufre las consecuencias de un combustible que rinde menos y daña más.
La distrital comercial de YPFB en La Paz, María Elena Paz, ratificó que el producto cuenta con certificados de origen y calidad previos al despacho. Sin embargo, no se permitió que laboratorios externos o universidades realizaran una contraparte técnica para verificar si el octanaje es el prometido.
El despliegue en la planta de Senkata también sirvió para asegurar que el abastecimiento está garantizado a libre demanda. Esta narrativa intenta calmar los rumores de escasez, aunque las filas intermitentes en estaciones de servicio sugieren que la logística sigue operando al límite.
Los expertos advierten que la mezcla de carburantes con aditivos excesivos para abaratar costos de importación es lo que estaría provocando la corrosión prematura en los sistemas de combustión. YPFB niega estas versiones, aferrándose a sus propios informes de laboratorio.
El sector del transporte pesado ya ha advertido que, si las fallas mecánicas persisten, las bases rebasarán a Lucio Gómez y convocarán a medidas de presión más radicales. La desconfianza es total y el "visto bueno" de hoy solo ha servido para profundizar la brecha entre líderes y trabajadores.
El Dato de Cierre: Se estima que el costo de reparación por daños derivados del combustible "sucio" supera los Bs 5.000 por vehículo afectado.