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- 2026-03-19
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La Fiscalía General del Estado confiscó 43 toneladas de sustancias controladas que se encontraban ocultas en galpones de la Aduana Nacional en el departamento de Oruro. El cargamento, compuesto principalmente por carbonato y sulfato de sodio de procedencia china, es considerado una pieza clave para la cristalización de pasta base de cocaína a escala industrial.
Este hallazgo, bajo la lupa de La Mesa de Análisis, confirma que la Aduana ha dejado de ser una barrera de control para convertirse en el depósito logístico del narcotráfico internacional. No es un hecho aislado; este escándalo se suma al Caso Maletas en Viru Viru, donde la Aduana también fue señalada por permitir el tránsito de cargamentos ilícitos, demostrando que la infraestructura estatal está perforada por las mafias.
El fiscal general Roger Mariaca calificó la incautación como "una enorme cantidad" de químicos, detallando que se hallaron exactamente 43.759 kilogramos de insumos. Sin embargo, a pesar de la magnitud del operativo en instalaciones oficiales de Oruro, el informe fiscal confirmó de manera vergonzosa que no existe ni un solo aprehendido hasta el momento.
La "Ruta de la Seda" para el crimen parece estar totalmente aceitada, ya que los químicos habrían ingresado desde China recorriendo rutas legales hasta llegar a los recintos fiscales. Este modus operandi guarda una similitud alarmante con otros casos recientes donde mercadería de contrabando y sustancias controladas "desaparecen" o aparecen en depósitos de la Aduana sin responsables jerárquicos tras las rejas.
Desde la otra acera, la administración aduanera guarda silencio mientras la Fiscalía intenta rastrear la cadena de custodia de los galpones. El carbonato de sodio es el insumo crítico que hoy escasea en las fábricas de droga; encontrarlo en depósitos del Gobierno es la prueba de que el sistema de control boliviano ofrece puertos seguros para el resguardo de precursores.
La falta de detenidos en este caso refuerza la sensación de impunidad sistémica que rodea a la institución. Si 43 toneladas pueden ser almacenadas en un recinto fiscal sin responsables, la señal para el crimen organizado es que el Estado no solo es ciego ante el tráfico, sino que presta sus propios techos para resguardar el negocio del narcotráfico.
El escándalo de Oruro es la repetición de un patrón de complicidad institucional que ya vimos en el aeropuerto de Santa Cruz y en las fronteras secas. La cúpula de la Aduana Nacional queda nuevamente bajo sospecha, exponiendo que la lucha contra las sustancias controladas se pierde precisamente en las instituciones que deberían ser el primer muro de defensa del país.
El Dato de Cierre: El hallazgo de 43 toneladas de químicos en la Aduana de Oruro ocurre mientras el Caso Maletas sigue sin sentencias contra los altos mandos aduaneros involucrados.