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Fue hace 30 aos. "El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos", canta y se lamenta Pablo Milans, pues "el amor ya no se refleja como ayer". Pero los miristas de toda la vida, s seguimos reflejando el amor a nuestros ocho compaeros asesinados y a Gloria Ardaya, la nica sobreviviente, como ayer: con conviccin y espritu de lucha por la democracia, sin ambiciones personales.
Fue hace 30 aos cuando aquellos jvenes -Arcil Menacho, Jorge Valdivieso, Jos "Pepe" Reyes, Ramiro Velasco, Ricardo Navarro, Artemio Camargo, Jos Luis Surez, Gonzalo Barrn y Gloria Ardaya- fueron sitiados por los esbirros de Luis Garca Meza y Luis Arce Gmez en una casa propia de tiempos clandestinos: libre de toda sospecha, en la calle Harrington de Sopocachi (La Paz). Haca seis meses, desde el 17 de julio de 1980, Bolivia viva oscuros tiempos de dictadura, que a principios de 1981 haba decretado un "paquetazo" econmico, "gasolinazo" incluido.
Era la tarde del 15 de enero de 1981, cuando nueve miembros de la direccin nacional clandestina del Movimiento de Izquierda Revolucionaria se reunan en aquella casa para estudiar medidas de resistencia y de defensa de la economa popular. A primeras horas de la tarde se produjo el asalto: ocho fueron acribillados uno a uno. Gloria vio toda la masacre: muri ocho veces. Sobrevivi porque se identific como la hermana del capitn Rubn Ardaya y porque su destino no era morir, sino sobrevivir para contar el crimen y desmentir a los asesinos que -como siempre en estos casos- achacaron las muertes a un "enfrentamiento".
Por diversas razones, recuerda Gloria, faltaron a esa cita Wlter Delgadillo, Juan del Granado, "Coco" Pinelo y Pedro Mariobo, adems de Ernesto Aranbar, que no lleg del exilio. Ellos tambin son sobrevivientes, afirma ella. Es cierto, son sobrevivientes, pero ninguno sobrevivi con la imagen de ocho asesinados ni con la "sospecha" y "cuasi" acusacin que le hizo este Gobierno por ser la nica sobreviviente. Malvolos, s, y precisamente de este Gobierno del que, salvo Aranbar, los otros son ministros y funcionarios, y Del Granado, ex aliado.
Fue hace 30 aos, pero nuestra memoria poltica y afectiva sigue viva y tiene ms y mayor conviccin de lucha por la democracia. Pero la memoria histrica, que suele ser malagradecida casi siempre, no les ha rendido el honor que se merecen. Otras veces, el honor se torna en deshonra, cuando se utiliza su memoria y en su nombre se apoya aventuras que a ttulo del "cambio" y de los pueblos indgenas -en los hechos ambicin de dominacin y de poder- deshonran la democracia, reniegan de la pluralidad democrtica, envilecen los principios del Estado democrtico y social de derecho, y burlan los ideales por los que murieron los hombres del 15 de enero, hace 30 aos.
En esa poca ya estbamos convencidas(os) de que no eran tiempos de "tirar tiros", como hasta hoy. Que la democracia poda y puede ser socialista si la poltica se juega por el respeto a los derechos humanos, por la libertad individual de hombres y mujeres como personas; por la justicia y la diversidad econmica, cultural, de gnero y tnica.
Por esos ideales nunca envejecidos, mi recuerdo a los siempre vivos-asesinados hace 30 aos. Mi admiracin a Gloria, siempre compaera, y mi solidaridad a las familias de los mrtires
* Mster en Ciencias Polticas