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Toda vez que por instancias presidenciales el da del mar fuera rebautizado como El da del carajo asumimos que todos los acontecimientos importantes que ocurran durante este mes de marzo, deberan llevar la misma denominacin, De ah que la inslita sugerencia del senador Eugenio Rojas, de instituir la tortura como forma de obtener informacin de los presos, si bien no es muy original, no deja de serlo al ser aplicada en el marco de un sistema democrtico y digna de figurar en los anales de nuestra antologa poltica.
Para una mejor comprensin de nuestro pblico lector, sobre la tipologa y algunos rasgos caractersticos de este mulo aimara del Marqus de Sade, recordamos que se trata del lder mximo de los Ponchos Rojos de Achacachi, una etno pandilla que se caracteriza por atemorizar a sus coterrneos, mediante actos de barbarie cometidos generalmente bajo el influjo del alcohol, como el linchamiento de sus congneres y en ausencia de estos, arremeten contra inocentes perros, a los que pasan a degello en frente de millones de televidentes que observaron aterrorizados semejante salvajada.
Huelga recordar que la Constitucin prohbe taxativamente estos actos y sanciona a las personas, en especial a las autoridades o a los servidores pblicos que los apliquen o consientan, bajo pena de ser destituidos, sin perjuicio de las sanciones que manda la Ley. Empero, el padre de la patria no desmaya en su propsito y alega: A buenitas no, es por eso que tiene que haber presin por ejemplo la psicolgica, para que puedan declarar. Es decir: como en el caso Olorio, un ligero ajuste de huevos, seguido de una bolsa plstica que produzca asfixia en el reo y un deseo irresistible de cantar todo lo que sabe y aquello que no, o su lastimada imaginacin lo invente.
A objeto de morigerar su propuesta y hacerla ms piadosa frente al pblico consumidor, el senador de marras acude al expediente de la presin psicolgica, como si sta fuese menos daina que la fsica. Se olvida que sta puede realizarse mediante la humillacin verbal o corporal que busca la ruptura de la autoestima y de la resistencia moral del detenido, con el objeto de que el torturador o verdugo (Lase el parlamentario proponente) acceda ms fcilmente a sus deseos, sean stos cuales fueren.
Lo cierto es que cuando los demcratas aoran la prctica ms detestable de las dictaduras, cual es el caso de la tortura, como atroz antesala de la muerte, la nica esperanza que nos queda a los ciudadanos es que sta nos sorprenda confesados. Y, bajo esta ptica, de ser aceptada la sugerencia del proponente, solo nos resta manifestar que: Viva la tortura carajo!