Estamos a muy pocas horas de conocerse la verificacin de las elecciones presidenciales en Venezuela, donde la incertidumbre y el desconcierto cunden ante el curso que vayan a tomar los acontecimientos a partir del da despus del 7 de octubre, especialmente ante la posible victoria del candidato opositor, Henrique Capriles Radonsky y el porfiado anuncio de las fuerzas chavistas de oponerse a la entrega del mando. De darse tal eventualidad, significara un terremoto nacional e internacional por el impacto que causara no slo en Venezuela, sino en todos los pases seguidores del ejemplo chavista como: Cuba, Argentina, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, desatando una ola de violencia, caos y anarqua de imprevisibles consecuencias.
El mito sobre la imbatibilidad electoral de Hugo Chvez se basa esencialmente en cuatro aspectos fundamentales: la descarada prebenda para la compra de votos, para lo que cuenta con ingentes cantidades de dinero en la calle, que dan la sensacin ilusoria de bienestar econmico, pues el pas se enfrenta con la inflacin ms alta de la regin; las famosas misiones, entelequias convertidas en agencias repartidoras de peces, en lugar de ser escuelas de enseanza donde a los pobres, en lugar de mendigos de pescado se los convierta en "pescadores" y en generadores de riqueza; el fraude electrnico; y el histrionismo del micomandante.
Por otra parte, la pantomima de un cncer que inspire lstima se ha cado de manera pattica, como toda impostura mal contada. Todo el cronograma, la utilera y el libreto, minuciosamente estudiados por los cubanos para surtir el efecto esperado a tiempo de escenificar este sainete, se fueron desmoronando estrepitosamente, como por ejemplo su incursin al Estado Apure y el retorno a su nativa Barinas, otrora bastiones de su popularidad, tratando de evocar al egregio llanero Jos Pez (a quien emula profundamente en lo ntimo, pero finge aborrecerlo en pblico) donde ni siquiera pudo hablar por la escasa concurrencia de sus adherentes y por el justificado resentimiento de stos; por las mltiples promesas incumplidas, hechas por su hermano el gobernador Adn Chvez. De nada valieron sus imprecaciones, su llanto, sus rogativas, lo nico que obtuvo fueron las sabias reconvenciones de su rival Capriles: "Llora por l mismo y no por las victimas que su gobierno va dejando a su paso, por la espantosa inseguridad, el abuso, la desidia y el abandono.
Curiosamente, la simultaneidad de esta campaa con la norteamericana le da a estos sufragios varias notas de color y coincidencias que rayan en lo absurdo, como las recientes declaraciones de Chvez indicando: yo votara por Obama si fuese norteamericano y con seguridad Obama votara por mi, de haber nacido en Barlovento. Toda esta opereta nos lleva a pensar que: cuando un pueblo elige a un candidato que le miente; le promete y no cumple, la culpa es del candidato, pero si se lo reelige, la culpa es del pueblo. Esa similitud en los propsitos de los populistas augura negros presagios para EE.UU. y Venezuela.