Buscando descansar este fin de semana, me top con una pelcula titulada Tambin la lluvia , estaba comenzada pero de solo mirarla vi que era Cochabamba y con la nostalgia de estar fuera de la Patria, me dispuse a mirarla.
El tema era la guerra del agua, con un pobre argumento y actuaciones mediocres, pena por Gael Garca, pero no alcanza ni de lejos sus Amores perros. Un esfuerzo mal conseguido de mostrar al pueblo en su lucha contra la explotacin.
Yo recuerdo esos das. Estuve en la Alcalda junto a Manfred Reyes Villa, quien le advirti a Jorge (tuto) Quiroga, que las tarifas de agua que su gobierno quera implementar no eran posibles, este impase provoc que NFR resolviera salirse de la coalicin de Gobierno y luego vino la revuelta social en las calles.
Fue el inicio del retorno sindical organizado para resistir, provocado por un gobierno dbil sin ideas, ni programa. No hubo privatizacin del agua, pero tampoco hubo agua despus. Lo que si hubo fue el resurgimiento de unos dirigentes denominados regantes, cuyo negocio es la explotacin de pozos de agua y que llegaron hasta el Congreso, para agrandarlos.
Las luchas sociales se usan para instrumentalizar la ambicin de unos mediocres dirigentes sindicales que no tienen otro objetivo que el de hacer lo mismo que critican desde el llano cuando llegan al Poder. La defensa de la hoja de la coca es otro ejemplo de este periplo de pasar de la calle al Palacio. Tanto bloqueo, paralizacin de actividades, muerte y dolor en muchas familias, para que al final del da, tengamos la misma explotacin social, la misma explotacin de los intereses ajenos por nuestras riquezas, la misma corrupcin oficial y el uso del narcotrfico para enriquecerse fcilmente.
Solo que esta vez la aventura vino acompaada de dinero en cantidades nunca imaginadas, lo que le permite al rgimen pasar los das, con cerveza en la mano y fiesta de preste permanente contagiando el derroche entre todos, que se sienten con dinero en el bolsillo y por tanto con capacidad de consumir hoy da sin pensar en el ahorro.
Si la economa est bien, lo dems pasa por la garganta sin problemas. Nadie se ocupa del maana y as han pasado siete aos. La pena es que en vez de tener un desarrollo en proceso de consolidar la ansiada liberacin econmica, estamos ms dependientes que nunca y ms vulnerables. Todo con la conformidad de un grupo empresarial inmediatista con ideas de mercachifle barato y militares horondos disfrazados con medallas en el pecho, dlares en el bolsillo y la conciencia anestesiada, gritando Patria o muerte tratando de hermano al Presidente, comprando departamentos y vagonetas como resultado de su apoyo a la democracia.
Penoso cuadro ciertamente, el cual miran con desdn y curiosidad desde las propias delegaciones diplomticas radicadas en La Paz. Ahora se ha descubierto, lo que siempre ha sucedido. La extorsin de polticos, abogados, jueces y fiscales para administrar justicia. Yo fui vctima de la extorsin del MNR cuando el gobierno de Paz Estensoro (1985-89) me encarcel por el delito de oponerme a la decisin que tom Guillermo Bedegral de abrir el Banco Central con o sin la presencia de sus trabajadores, y era Ministro de Gobierno Fernando Bartelemi, quien uso a fiscales y jueces para que me imputen delitos comprendidos en casi todo el Cdigo Penal. Eso fue chantaje y extorsin. El juez de la sala octava en lo Penal, tuvo el descaro de ir a mi casa a pedir dinero para dictar sentencia, el fiscal no saba cmo probar acusaciones de sedicin, incitacin a la violencia y otros imaginarios delitos, cuando me sacaron de las oficinas del Banco Central trabajando. En fin, nada de lo que sucede ahora es nuevo. Lo hicieron todos los que pasaron por el Palacio y lo hacen hoy usando las mismas prcticas de siempre.
Nada ha cambiado, todo sigue igual, solo que ahora son otros rostros y otras manos, con la misma alma del diablo en sus cuerpos.