La economa no es un problema, por ahora no es el tema que deba preocuparnos, me dijeron no hace poco. Bolivia ostenta indicadores macroeconmicos que avisan de una buena salud, la proyeccin de crecimiento de su producto se sita por encima de la media sudamericana, tiene supervit fiscal y comercial, generacin de ahorro que se traduce en captaciones bancarias que muestran record nacional y reservas internacionales por encima de las requeridas. Es decir, un cuadro de situacin que era el ideal durante cincuenta aos atrs.
Yo recuerdo al Fondo Monetario Internacional, llegando al Banco Central de Bolivia, para hacernos saber los ajustes inevitables que debamos ejecutar, si queramos seguir siendo sujetos de crdito internacional. Y sus recetas siempre significaron el debilitamiento de la gobernanza y el empobrecimiento de los sectores ms pobres. Los gobiernos hasta el ltimo de aquel ao del 2003, hacan los esfuerzos ms grandes para lograr recursos financieros que les permitan evitar ejecutar esos ajustes fondomonetaristas inclementes y despiadados. Cuentan que el Presidente Snchez de Lozada llam al Secretario del Tesoro norteamericano para pedirle ayuda y le respondieron que podan facilitarle unos quince millones de dlares, una verdadera burla y muestra de desprecio que no se puede comprender.
Y la cuestin de fondo radic siempre en la relacin de los trminos de intercambio comercial de nuestras materias primas por manufacturas. Nuestro estao a precio de gallina muerta y los bienes de capital a precio de oro. As de simple. No haba forma de salir de ese crculo vicioso de endeudamiento, gasto y endeudamiento. La forma de manejar la economa nacional tena un enfoque estrictamente sujeto a esa realidad. Los gobiernos dependan, por tanto, de la mayor o menor buena voluntad de los organismos financieros internacionales del crdito y del pulgar norteamericano para que estos se avengan a atender nuestros pedidos.
Todo esto fue el ayer, y claro no tiene objeto tratar de entender la economa desde el enfoque de los ajustes que se hacan antes. El precio de nuestras materia primas ahora nos permite equilibrar o mejorar presupuestos fiscales, incrementar nuestras reservas internacionales, necesitar menos endeudamiento y por tanto evitar la dependencia que este genera. Estamos viviendo otra historia. La historia de la bonanza, del dinero y del derroche.
Y es esto lo que debemos atender y entender ahora. La responsabilidad del gobierno no radica en manejar presupuestos ajustados y sujetos a condiciones polticas, ahora tiene capacidad de accin, de decisin y la coyuntura internacional le otorga el espacio suficiente para que pueda planificar, organizar y ejecutar programas de desarrollo que nunca antes se pudieron hacer.
El gobierno nacional, tiene una responsabilidad histrica mayor a cualquier otro del pasado. Los otros vivan al da y ajustados, este vive en la holganza y sin preocupaciones al punto que se da el lujo de subvencionar la gasolina, diesel y gas licuado con ms de mil millones de dlares e incentivar el contrabando de este energtico sin que ello le represente desasosiego alguno.
As que deberamos tener otro tipo de enfoque econmico. Por ejemplo la integracin nacional con carreteras que interconecten los centros de produccin y consumo, la difusin de gasoductos que lleguen a cubrir todo el territorio nacional, donde el gas juega un rol importante, la integracin provincial con las principales ciudades del eje central, la distribucin de energa elctrica y otros proyectos que vayan en busca de asentar la infraestructura econmica tan deseada, la diversificacin de la produccin agrcola y pecuaria, el potenciamiento en el uso productivo de la tierra, es decir nunca como ahora tuvimos la oportunidad soada.
Este es el grado de demanda que se debe activar ahora. Estas son las exigencias polticas de la hora y si algo tenemos que criticarle a este gobierno, es su carencia de proyectos, de capacidad de gestin, de conocimiento y aplicacin de lo posible antes que de lo deseable. Es una verdadera lstima que esta coyuntura de bonanza econmica no vaya acompaada de un gobierno con visin de futuro, que viene dejando pasar oportunidades que se tienen en la inversin de capitales, prefiriendo el gasto suntuario, improductivo e irracional, es decir derrochando.