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Un joven cubano ofrece jugo de pia y papaya, adems de agua de coco, en un pequeo negocio en la pennsula de Varadero. Cobra un cu por cada vaso que sirve, es decir un dlar disfrazado de moneda cubana.
Estuve all hace tres semanas.
Sospechando que se tratara de un negocio privado, del renaciente capitalismo, ped agua de coco con ron, para mantener mis costumbres. Y l me cont algo de su vida.
Este negocio es del Estado.
La presencia del Estado no era muy imponente en el pequeo ambiente que contaba con un mostrador muy pobre, la fruta expuesta como en un depsito, una balanza de dos platos y un machete.
Yo soy un campesino. Todas las maanas, a las 6 en punto, me traen aqu para que atienda este negocio.
Me muestra una planilla donde debe anotar todo lo que vende cada da. Y a fin de mes, l recibe su salario, que es de 15 dlares.
Los mozos del hotel tambin son trados de otros lugares, lejanos lugares, para que trabajen en Varadero. Es cuando uno entiende el concepto de los mitimaes de los incas: desraizar a la gente.
El joven del pobre negocio me pregunta si tengo alguna ropa para venderle, pero que no sea cara. Cualquier cosa que le sirva a su pap, que maneja la granja estatal donde se dan los cocos, la pia y la papaya, su mujer y su pequea hija.
Todos los trabajadores del bien vigilado sistema de turismo aprovechan cualquier ocasin para recordar al turista que el salario all es de 15 dlares al mes.
La sensacin que traje es que el cubano es un pueblo triste, sin esperanza, derrotada. La gente tiene que hacer lo que el Estado dispone.
Est prohibido pescar. S, en esa isla sus habitantes tienen prohibido pescar. Tambin est prohibido matar una res, so pena de ir a la crcel por 20 aos.
El anuncio de la reanudacin de relaciones diplomticas con Estados Unidos tiene mucho mar de fondo. Y est la sospecha de que la crisis de Venezuela empuj a Cuba a los brazos de Washington.
Rafael de Len defini a esta isla como la zapatilla que Dios perdi.
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