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A temas locales, soluciones locales. En vez de un solo gobierno, enorme y abstracto, nueve o diez gobiernos menores que l La autonoma regional traer consigo la multiplicacin de la capitalidad. Que la provincia sea lo menos provincia y lo ms capital posible: esto es lo que importa conseguir.
Jos Ortega y Gasset (Obras completas 1926)
Con el rase una vez nos introducan a los cuentos, leyendas e historias, cuando an no habamos perdido la edad de la inocencia. Creamos ese mundo de magia que era onrico y amable, unas a veces, y otras de miedo, pero nos abra las puertas de la imaginacin infantil, por lo que se contaba, cmo se contaba, y quin lo contaba.
Esas dotes trascendieron de los narradores de cuentos para nios a otros personajes, y de ah se hicieron extensivas a polticos oportunistas-narcisistas, quienes pretenden reescribir la historia a su imagen y semejanza, para contarla convertida en historieta. Algunos lo hacen con radical discurso populista-autoritario y se erigen en libertadores, como si la historia hubiese empezado con su ciclo poltico y, por la tanto, nada antes de ellos es rescatable. Otros lo hacen con un lenguaje en apariencia polticamente correcto por su bagaje intelectual.
Contrastando esos discursos con los hechos histricos, se desnuda la verdad distorsionada, pues tanto populistas y autcratas, como los polticamente correctos, mediatizan la realidad como sntesis de mltiples determinaciones.
Entre las ms importantes, los sujetos en un horizonte de larga data. La historia se remonta a diversos acontecimientos, a sus causas econmicas, sociopolticas, geogrficas y tnico-culturales; a su compleja articulacin en determinados momentos de su desarrollo y a su trascendencia, segn pretendieran modificar, y en los hechos modificaran, contextos nacionales y regionales. Esas transformaciones tienen lugar ms all de la voluntad de los gobernantes de turno.
Como si se tratase de un rase una vez, surgen quienes afirman haber entendido el reclamo cruceo de autonoma y de haberlo impulsado. En honor a la verdad, ningn decreto ni voluntad poltica alguna dispar las autonomas: Santa Cruz, sus lderes cvicos y su gente las trabajaron con valenta, inteligencia, esfuerzo y sangre, en el transcurso de siglos a despecho del andino-centrismo de siempre y de cualquier signo. Alguno hace mencin a personajes histricos de la conquista, a Diego de Mendoza como el primer autonomista, a la Sociedad de Estudios Geogrficos e Histricos y a los cvicos, pero se quedan en la enunciacin.
Acaso se reconoce el carcter de interpelacin geopoltica del Memorndum de 1904, como la primera expresin orgnica econmica-geogrfica de la lite crucea frente al centralismo? Por ejemplo, que perdido el litoral Pacfico, se mirar la salida al Atlntico por el Oriente de Bolivia, y con 30 aos de anticipacin, ya alertaba sobre el conflicto por el Chaco Boreal. Con hidalgua se podra haber adjudicado a las luchas cvicas de mediados del siglo XX -regalas petroleras, descentralizacin, eleccin de alcaldes y lucha contra la dictadura de Garca Mesa-el verdadero disparo para la transformacin del Estado, que la Revolucin de 1952 dej inconclusa, pese a sus logros. Entre otros bemoles, porque fue centralista y represiva pues negaba a Santa Cruz el derecho a exigir las regalas aprobadas por Ley de la Repblica en 1938, bajo la infundada acusacin de separatista. La respuesta a esa demanda fueron las incursiones violentas y represivas a la regin, que pocos o ninguno mencionan. Ya en el siglo XXI, la demanda por eleccin de prefectos y autonoma poltico-administrativa terminaron transformado, la naturaleza del Estado en Bolivia, aunque sigue siendo centralista. Hoy es redistributivo, porque le toc administrar la bonanza econmica de la renta petrolera y minera, y porque tambin se lo permiten y facilitan las regalas petroleras y la Ley de Hidrocarburos de 2005, a la que antes se opusieron unos y otros.
Plurinacional y autonmico, o ms bien ficcin?
Ni en el pasado cercano ni en el presente se han reconocido las mltiples determinaciones del heterogneo tejido social de Bolivia y sus propios modos de existencia, de races tnico-culturales mestizas, muchas. De ah su diversidad. El actual denominativo de Estado Plurinacional es un eufemismo pues solo se respeta y ensalza a la nacin aymara, que se lo merece, pero excluye a las dems, 36 reconocidas en la Constitucin. No hay igualdad plena para ellas, con el agravante de que el jefe del rgimen, que se dice indgena, reprimi con saa a los pueblos indgenas del Oriente que se oponan a un proyecto carretero en el Territorio Indgena Parque Nacional Isiboro-Scure, TIPNIS, su hbitat de toda la vida. Cuatro aos despusno hay un solo culpable y, ms bien, algunos han sido premiados con cargos diplomticos y otras canonjas.
Con esa accin, el rgimen de Evo Morales elimin el trnsito a la igualdad tnica, pues la visibilizacin de las races indgenas de Bolivia, necesaria s, no fue ni es suficiente, a pesar de la propaganda poltica, que se queda en eso: mera propaganda. Y no valen alabanzas propias o ajenas: lo de Chaparina fue un grave asunto de violacin a los Derechos Humanos de esos pueblos, a pesar de la manipulada trada originario-indgena-campesina.
Decir hoy que las autonomas eran un objetivo colectivo, es otra falacia. Ningn rgimen centralista quiere ser autonomista por la sencilla razn poltica y econmica de que no aceptan compartir el poder poltico y tampoco recursos. La sociedad boliviana, en su gran mayora, se nutri del centralismo andino, merced a intelectuales que desconocen la cuestin regional como objeto de estudio. Hubo excepciones y una de ellas es el intelectual paceo Ramiro Velasco, quien pensaba que El Estado centralista se erige como una superestructura vertical Como los lazos de la unidad nacional son dbiles, en la personalidad de las regiones se destaca ntidamente el sentido de regionalismo matizado a veces de impulsos de autonoma () La regin no es slo la expresin histrico-cultural de los agregados sociales, sino el espacio social donde los lazos de la produccin y del modo de producir han forjado un sentimiento local de solidaridad econmica. Ese fue y es el caso de Santa Cruz. Velasco vea al centralismo como el producto de la estrechez poltica del sistema administrativo estatal () y de su incapacidad para contener al ser social diverso que le da vida a la nacin.
Siempre vigentes las convicciones y valores de un Estado Democrtico de Derecho, libre de imposiciones ideolgicas o de cualquier tipo, los regionalismos seguirn siendo la expresin de un malestar y de un descontento no resuelto , como pensaba, ya en 1928, el peruano Jos Carlos Maritegui. En concordancia, agregaba, que el fin histrico de una descentralizacin no es secesionista, sino por el contrario unionista. Se descentraliza no para separar y dividir a las regiones, sino para asegurar y perfeccionar su unidad dentro de una convivencia ms orgnica y menos coercitiva. Regionalismo no quiere decir separatismo. Que no lo hubiesen entendido antes ni ahora, ni hubiesen revisado la historia de la cuestin regional y sus tantos estudios nacionales y extranjeros, es un problema poltico no resuelto, pese a discursos y escritos que parecen un rase una vez, cuando la edad de la inocencia qued atrs.
1 . Velasco, Ramiro. El Estado y la Regin en El poder de las Regiones. Centro de Estudios de la Realidad Econmica y Social. Cochabamba 1985. Pp 85-88
. Maritegui,JosCarlos. 7 Ensayos de interpretacin de la Realidad Peruana. Empresa Editora Amuata. XXIII edicin. Lima Per. p 194.