Domingo 01 de marzo 2026

Sele acaba la gasolina al dictador



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Desde tiempos remotos se conoce que los dictadores, cuando sus regmenes han comenzado a mostrar fisuras y evidentes signos de decadencia, con la finalidad de lograr la unidad de sus pueblos, echan mano a una de las estrategias polticas ms trilladas, que consiste en despertar y enfervorizar su nacionalismo mediante la provocacin de conflictos blicos o causas reivindicatorias con los pases vecinos que en el pasado fueron la causa de cruentos enfrentamientos.

Ese fue el caso de la dictadura militar argentina, que para prorrogarse en el poder, desat la guerra de Las Malvinas cuando su impopularidad e impotencia presentaban signos cada vez ms alarmantes. Del mismo modo en el Per, Alberto Fujimori provoc en 1995 un conflicto armado con el Ecuador, al hacer patentes sus intenciones de perpetuarse en el poder. Pese a que esta gresca fue de corta duracin y desemboc en un acuerdo de paz en Brasilia, sirvi para acrecentar la popularidad del quedadizo y el apoyo a su tercera reeleccin. Por su parte, Hugo Chvez Fras no quiso quedarse atrs en este tipo de maniobras y azuz un conflicto armado con Guyana por la zona del Esequibo, con el objeto de neutralizar el creciente descontento que reinaba en su contra,en su afn de perpetuarse en el gobierno.

Lo anteriormente expuesto nos conduce a recapacitar sobre los alcances de lo acontecido en nuestra frontera con Chile, que nada tiene que ver con nuestra reivindicacin martima, sino con el extrao apresamiento de dos militares y ocho aduaneros que, segn nuestro gobierno, cumplan labores de lucha contra el contrabando empero, las declaraciones oficiales de Chile desdicen esa versin, indicando que dichos militares y funcionarios fueron detenidos por robo y por estar coludidos con los contrabandistas. Para fines polticos, ambas versiones resultan muy convenientes par auno y otro gobierno.

En otro mbito, curiosamentehoy, ante la desastrosa precariedad del rgimen de Maduro, ha vuelto a surgir la consabida tensin en la frontera colombo-venezolana, con el despliegue de tropas militares y las manidas llamadas al nacionalismo del pueblo. Por supuesto dicha convocatoria cae en saco roto, pues ese pueblo sufre de hambre y miseria y lo peor que puede pasarle es alistarse para librar una guerra.

La amenaza de un conflicto armado contina latente y sern los mandos militares venezolanos los que tengan la ltima palabra. Alguna oficialidad y la tropa estn altamente politizadas en favor del gobierno, debido a compromisos con el narcotrfico, y a su estrecha dependencia de Cuba que, desde el gobierno de Chvez, mantiene una suerte de comisarios polticos que visitan sorpresiva y peridicamente las guarniciones, ungidos de una autoridad mayor que la de los propios comandantes, los que a su vez son conscientes de no haber escuchado el silbido de una bala desde hace mucho tiempo, cosa que no sucede con el ejrcito colombiano que,desde hace ms de 60 aos, combate a diario, y por lo mismo no deseara correr la misma suerte que los militares argentinos en las Malvinas, especialmente cuando a su comandante en jefe y dictador se le est acabando la gasolina.