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Si hay alguna bandera que an flamea en manos del gobierno, es la econmica. No cabe duda que la economa nacional ha vivido tiempos de bonanza y de derroche y de olvido de aquellos das en los que el equilibrio macroeconmico dependa del crdito externo para igualar balanzas. Tanto se han acostumbrado a recibir miles de millones en las arcas fiscales y ha disponer de ellos con cuanta ocurrencia se les pasara por la cabeza que la mana de gastar no para y la despreocupacin por tener las fuentes del gas inagotables se ha convertido, para ellos, en una realidad que no cambiar jams.
Y por eso se explica el poco o ningn miedo que tienen a violar la ley y burlarse de la soberana popular y andar tan campantes, como si los aos no hubieran transcurrido y el tiempo fuera aquel en el que comenzaron a brindar por el derrocamiento del gobierno y a prometerse agendas de gas, de industrializacin, de consumo y de ingresos paradisiacos.
No parecen tener idea de la nueva realidad que los envuelve ni que esa canilla libre de la que gozaron y ahora les arroja la mitad de antes y que con ella no se pueden llenar los vasos del brindis en su totalidad porque hay cada vez menos para beber y mayores ganas de hacerlo. La escasez de los recursos y la demanda parece que ahora no cuadran.
Proyecciones realizadas para los prximos dos aos, muestran que de no mediar un ajuste urgente en el gasto corriente, redireccionar las inversiones productivas, limitar el endeudamiento y manejar con cuidado la poltica monetaria que ya ha creado una burbuja de crdito al consumo, lo que tendremos sern dficits fiscal y comercial muy graves, endeudamiento caro y niveles de inflacin que provocaran la prdida del poder adquisitivo de los ingresos sociales.
Este es el contexto sobre el que la poltica electoral deba caminar. Aunque es muy sabido que las ofertas electorales no importan porque sirven para ganar elecciones. Hay una enorme distancia entre los ojos del candidato y del presidente. Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a escuchar dislates sin pestaear y a tomar como chiste lo que es bastante serio. Y serio es el panorama que se nos avecina independientemente de lo que oferten las candidaturas en su sueo por llegar o prorrogarse en el poder.
El ao 2019 ser el tiempo del reloj en descuento, cada minuto que pas nos ir avisando que tenemos menos ingresos y mayores gastos que atender y que la combinacin de estos elementos se llama inflacin debido a que el endeudamiento externo tiene un lmite que se llama riesgo pas. Pero como todos estarn en campaa, muy pocos miraran el reloj y menos an escucharan los gritos de alerta. As que llegaremos al voto en las urnas sin democracia, sin propuestas serias y son ningn debate.
Ya estamos en el escenario del espectculo, haber quien dice la frase que llene las la primeras planas de los medios y escandalice a las redes sociales. El presidente Morales defiende su cato de coca, sus empresas publicas deficitarias y su reeleccin indefinida como un derecho humano y oposicin poltica se ofende cuando se les acusa de querer eliminar bonos denominados sociales.
Lo que estn demostrando ambos lados es el sostenimiento del modelo estatalista que define el qu, cmo y para quin se produce. As que no importa quien gane al final, el comportamiento del modelo econmico ser el mismo. Otra cosa sera si tuviramos en el escenario un candidato sin complejos, que diga la verdad y desnude al Estado benefactor que nos tiene 193 aos atados a la voluntad del presidente que es como el padre de todos y termine con el paternalismo estatal valorando al individuo como el eje poderoso del cual deviene la creacin de la riqueza y su distribucin, defienda la propiedad privada por encima de cualquier otra, la inversin como la solucin a la dependencia y promueva la explotacin de nuestras potencialidades para dejar de estar sentados en la silla de oro. Pero no hay todava ese liderazgo que tanta falta nos hace.