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Se dice y no sin razn que la dinmica de la poltica boliviana es tan veloz que un escenario en la maana puede cambiar totalmente por la tarde, por eso es cierto que en Bolivia todo pasa y no pasa nada. Del juicio a Chile ante la CIJ levantando banderas de victoria que midieron kilmetros y anunciando que los sentaremos a ellos en la silla del obligado a negociar una salida soberana, pasamos al silencio de la derrota y la ausencia de responsabilidades para convertir la desgracia en una nueva victoria electoral.
El mar qued en el pasado y la reeleccin indefinida del indio presidente se puso en la escena, como si volvieran a preguntarnos desde el balcn del viejo palacio, el mar a muerto Evo vive! con un coro desafinado de nuevos candidatos que le hacen la venia y declaran inaugurado el proceso de la infamia.
Es cierto que todo esto deba ser suficiente para encender la chispa de la rebelin social y obligar a los inadaptados gobernantes y opositores funcionales a dejar la payasada electoral y dar paso a la nueva generacin de bolivianos que quieren una patria distinta.
No es fcil. Cuando los valores y principios se han perdido en el camino de un proceso viciado desde su origen y, sin que nadie pudiera darse cuenta se convirtieron en gobierno, sacando al minero aristcrata del palacio y entronizando al cocalero en abarcas, todo lo cual se mir como si fuera una revolucin. Y la desgracia nuevamente se convirti en boleto premiado.
Al cambio le sigui la borrachera. Dinero a montones, cerveza y comida picante, a nadie le import nada. Los negocios se multiplicaron y el dinero fcil circul como regalo de los dioses, todos le dieron la mano y creyeron que la fiesta no tendra fin. Fue cuando los privilegios retornaron, la corrupcin se multiplic y la ausencia de eficacia y eficiencia puso en jaque a las instituciones, que transfirieron dinero a las cuentas corrientes de los supuestos originarios, regalos a los dirigentes del volante bajo la modalidad de peaje y sedes sociales junto con autos de lujo para otros que sostienen la sigla de la COB como marca registrada que an da utilidades, y tierra de nadie a los cocaleros para que produzcan la coca que quieran y manejen el negocio con el apoyo de la polica puesta su servicio por intermedio de sus oficiales. Todo esto sucedi en un tiempo sin tiempo.
Y este proceso para el seor Carlos de Mesa fue un tiempo de alabanza y gloria al indio presidente. A quien no solo le reconoce como alguien que hizo bien sino que fue el artfice de esa bonanza convertida en ponchos y sombreros de ala como demostracin de que la inclusin social se produjo. El crey y lo dijo, el medit antes de decirlo y escribi su pensamiento para que no quede duda.
Fracas junto con el presidente en la demanda martima ante la CIJ y urgido como l de cambiar ese escenario por otro, convinieron en adelantar el proceso electoral. Todava quedan rezagos de la borrachera del gas y muchos piensan que la fiesta del derroche puede seguir. Eso no importa, Carlos y Evo necesitan tiempo para que el sueo del mar se disipe y las ilusiones vendidas se olviden a cambio de una marraqueta con pltano.
Por eso dice que l no cambiar nada de lo que Evo hizo, eso sera terminar con la fiesta y despertar al pueblo a mirar que su realidad es la misma de antes, que su miseria sigue igual y sus anhelos estn quebrados.
No son ellos el cambio ni la esperanza, ni la ambicin de ser mejores. Son el pasado vergonzante, ese que cambi el gas de la exportacin a mercados seguros por el gas con aviones chatarra, el mar del desarrollo por la sentencia de muerte dictada por la Corte, la democracia de las libertades por la reeleccin indefinida de la coca y su negocio.
La democracia no ser obra de los mismos actores que la negaron. Su futuro est en la juventud. Son ellos los llamados a dar un vuelco a la historia. Y deben comenzar por retomar los valores y principios, por no claudicar con la facilidad que lo hacen quienes ahora pretenden convertirse en el cambio y solo son continuidad.
Hay que declarar con urgencia la RESISTENCIA CIVIL DEMOCRATICA, a las elecciones convocadas desde la ilegalidad, elecciones destinadas a legalizar lo ilegal, sosteniendo un binomio inconstitucional, por tanto viciadas de nulidad.