Jueves 19 de febrero 2026

Democracia: entre Santa Cruz y la espada



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A escasos das de las elecciones generales a la presidencia del Estado, debemos reconocer que ni los ms duchos encuestadores y menos los organismos de inteligencia del rgimen,fueron capaces de acertar una cifra aproximada sobre la apotesica asistencia de ciudadanos que acudieron al cabildo de la cruceidad, realizado a los pies del Cristo Redentor.

Dicha expresin histrica de civismo, donde la realidad derrot a la ficcin y a todas aquellas imposturas que daban por hecho que Santa Cruz nuncagravitara en la poltica nacional, al igual que los pueblos occidentales,puso en evidencia una verdad muy distinta, y hoy, al margen de ser la regin de mayor desarrollo de Bolivia, es tambin la nica que ha sabido organizarse multitudinariamente y plantear pilares concretos de accin, para lograr una Bolivia nueva.

La candidatura del binomio oficialista fue el primer tema abordado y rechazado unnimemente por su ilegalidad, al no haber respetado el resultado mayoritario del referndum del 21 de febrero de 2016, que le neg una nueva postulacin. El propio presidente del Comit Cvico Pro Santa Cruz advirti sobre un posible fraude en dichos comicios, y llam a sus seguidores a la rebelda y desobediencia total si ste se concretara.

El tema del federalismo fue tambin una exigencia planteada, frmula que los bolivianos no deberamos considerar como un afn separatista, sino como el modelo de Estado que brindarauna mayor autonoma a los pueblos, as como alguna vez se plantearon y ejecutaron en pases hermanos como: Argentina, Brasil, Mxico yVenezuela, sin fracturar su unidad nacional.Hoy, son diversos los factores como la economa, la demografa y hasta la misma historia que deparan a Santa Cruz el destino de convertirse en la locomotora de la Bolivia moderna.

Sin duda alguna, es menester hacer nfasis en que la horrible quema que sufri la Chiquitania y conmovi a toda la bolivianidad por tan aberrante atentado al medio ambiente, fue el detonante para este despertar camba que apoyamos y aplaudimos sin retaceos y sin la necesidad de obsequiar un caballo al autcrata, parodiando los devaneos de Melgarejo.

No olvidamos que, tras la victoria masista, por ms del 52% de la preferencia electoral, nuestra esperanza fue contar con un presidente indgena que, desterrando los vicios y actitudes del pasado, inicie en Bolivia un gobierno de inclusin y unidad. Un nuevo Nelson Mandela que llegue al solio presidencial para construir una nueva Bolivia; que luche contra el racismo, no contra la raza; destierre el apartheid, no al blanco. Sin embargo, pronto nuestras ilusiones se vieron defraudadas, desde el instante en que el mismo Hugo Chvez presidi el primer gabinete ministerial, y tuvo el tup de realizar su programa radial: Al presidente desde la localidad deTiawanaku.

Bolivia ser grande, cuando en los actos gubernamentales primen el honor y la sabidura, sin colocar a la democracia entre la santa Cruz y la espada.