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Con la misma frialdad, clculo y perversidad con la que un asesino a sueldo aplica a su faena, el poder judicial sentenci con premeditacin, alevosa y nocturnidad a la expresidenta Jeanine Aez, a diez aos de prisin, ante la mirada ablica, incrdula, cobarde y consternada de un pueblo que asisti a dicho crimen, como indicamos en una entrega anterior, al igual que las cebras que asisten al descuartizamiento de su congnere, por los chacales que la capturaron.
Ante este acto de crueldad y venganza, y haciendo gala de ese poder que ejerce sobre jueces y fiscales obsecuentes, Morales irresponsablemente confiesa que: juntamente con el presidente Luis Arce, el vicepresidente Choky y algunos otros capitostes del MAS, usurpando funciones del poder judicial, decidieron que el juicio a la Dra. Aez deba ser ordinario, y no un juicio de responsabilidades como manda la Constitucin, para el caso de los expresidentes.
Ese deseo incontrolable del cocalero de acceder al poder, lo hace parecer cada vez ms dbil, despreciable, pattico y capaz de perpetrar cualquier disparate, como el de emplazar al Jefe de Estado para que vaya a rendir un informe de su gestin a la sede cocalera del Chapare, luego de que los agroqumicos no lograron la censura del ministro de Gobierno en su interpelacin en la Asamblea Legislativa. Es ms, como afirma su tocaya y exaliada Da. Eva Copa, con una audacia insolente se entromete en la gestin econmica del que fue su ministro durante 14 aos y manej las finanzas de su gobierno sin sobresaltos.
Frente a estos desaciertos es obvio que, ms temprano que tarde, el espectro de la divisin se manifieste en el seno del instrumento poltico gobernante, especialmente en momentos en que las pugnas internas del MAS son tangibles y las presiones aumentan significativamente cada da. Basta fijarse en ese cmulo de interpelaciones, invectivas y denuncias que Evo lanza en contra del gobierno, cmulo directamente proporcional al cuadrado de las benignas manifestaciones que la propia oposicin profiere sobre este rgimen.
Como una forma de responder a esos velados ataques, el aludido mandatario se defiende con frmulas extremadamente furtivas, como el alejar del cargo a una ministra prxima al lder cocalero y nombrar un ministro nuevo, cercano a l, en medio de una ceremonia de juramento muy distinta a la que se acostumbr en el pasado evista, de levantar el puo izquierdo y con la mano derecha apoyada sobre el pecho, similar a la del pasajero de un colectivo, que viaja cuidando su billetera.
Jurar con el puo izquierdo levantado, fue la seal que hizo Morales al asumir la Presidencia en 2006, para diferenciarse de los gobiernos neoliberales. Esto fue replicado por las autoridades designadas durante su gestin y tambin en la actual administracin de Arce que, hasta hoy, hizo un cambio en esta tradicin masista. El presidente Luis Arce dej de levantar el puo izquierdo y el dignatario recin posesionado, Sergio Cusicanqui, dej de lado tambin ese ademn masista jurando con la seal de la cruz. En ese pequeo quiebre de la simbologa puede que est la divisin que tanto teme el lder cocalero, al iniciarse una poca de repudio a sus inventivas y adelantarse a una nueva era, donde ya no figure ni l, ni el sicariato judicial.