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- 2026-01-26
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Tras un calculado silencio de varios días, Evo Morales reapareció en redes sociales para disparar directamente contra la gestión de Rodrigo Paz, vinculando el escandaloso caso de las "narcomaletas" con una presunta protección desde las altas esferas del poder. Morales no solo exige una investigación independiente, sino que utiliza el hallazgo de 700 kilos de droga en Chile y el asesinato de Mauricio Aramayo para cuestionar la política de seguridad actual, sugiriendo que la presencia de la DEA en el país, lejos de controlar el tráfico, ha coincidido con hechos de extrema gravedad que antes no se registraban con tal frecuencia.
Por su parte, el vicepresidente Edmand Lara ha dinamitado la cohesión del Ejecutivo mediante una serie de videos en TikTok, donde denuncia que el caso de las 32 maletas enviadas desde Estados Unidos será declarado en reserva para encubrir a los verdaderos responsables. Lara sostiene que existe un esquema de impunidad operado por Romer Saucedo, presidente del Tribunal Supremo de Justicia, y ejecutado por jueces que habrían facilitado la liberación de figuras políticas clave, como la exalcaldesa Angélica Sosa y Luis Fernando Camacho, a cambio de favores políticos que hoy comprometen la integridad del Estado.
La ofensiva de Lara no se detiene en los tribunales; señala una vulnerabilidad crítica en los puntos de control de Viru Viru, donde asegura que los narcotraficantes se desplazan con libertad absoluta mientras la Policía y la Aduana omiten sus funciones básicas de fiscalización. Según el Vicepresidente, el hecho de que una exdiputada haya circulado con pasaporte vencido para actividades ilícitas sin ser detectada es la prueba fehaciente de que las instituciones han sido perforadas por redes criminales, una comparación que él mismo traza con los oscuros episodios de "narcovínculos" registrados en la década de los 90.
Este escenario plantea una crisis de gobernabilidad sin precedentes para Rodrigo Paz, quien se ve asediado no solo por la oposición tradicional, sino por su propio acompañante de fórmula y el líder del partido que lo llevó al poder. La falta de una respuesta contundente por parte del "Zar Antidrogas" y del director de la Felcn alimenta la narrativa de un "narcoestado" en formación, donde el silencio oficial se interpreta como una confesión de incapacidad o, en el peor de los casos, de complicidad manifiesta ante la opinión pública.
El quiebre institucional parece irreversible mientras las acusaciones mutuas de encubrimiento se convierten en la única moneda de cambio en el debate político nacional. Mientras la justicia anuncia transparencia, la percepción ciudadana se queda con la imagen de un aeropuerto convertido en zona franca para el ilícito y un Gobierno que, a solo dos meses de iniciar, ya enfrenta fantasmas del pasado que prometió desterrar para siempre.
Mientras Morales y Lara compiten por quién denuncia con más fuerza, el país asiste al espectáculo de un Gobierno que calla mientras las maletas pasan y las acusaciones de "narcovínculos" reviven como un fantasma del pasado.