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Muahamar El Gadafi se aferra al poder a pesar de que lo tiene todo perdido.
Prefiere ensangrentar a su pas antes que admitir que su liderazgo est acabado, que sus errores son demasiados y que su pas no lo necesita.
Este poltico, y todos los que estn en su situacin en diferentes latitudes, tendran que mostrar que algn cario sienten por sus pases y decidir no ensangrentarlos.
Las fuerzas rebeldes de Libia comenzaron como una pequea marcha de crticos, pero Gadafi los despreci.
Se burl de las protestas y mand a sus grupos de matones a flagelarlos. Cuando la marcha creci, l opt por refugiarse en Sirte, su pueblo natal.
Ahora, los rebeldes cubren todo el territorio del pas y la causa ha quitado de los ojos del mundo la venda que impeda observar la realidad.
Algunas universidades extranjeras que dieron reconocimientos al tirano ahora estn arrepentidas.
Gadafi se present como un liberador de su pueblo. Su propsito inicial era poner orden en la industria petrolera, pero alguien le vendi la idea de que poda presumir de ser un lder poltico internacional.
Entonces opt por vestir ropas ridculas y afirmar que estaba a la cabeza de una revolucin diferente, inclasificable, que iba a cambiar Libia para siempre.
Las mieles del poder haban provocado una metamorfosis en el coronel.
No era el presidente de Libia, era el coronel, el lder de los pueblos comprendidos en la geografa de su pas, pueblos que los extranjeros llaman tribus. Algn ingls dijo que en esa parte del mundo no hay pases, sino solamente tribus con banderas.
Gadafi estaba convencido de que la bandera que l eligi para Libia era la madre de todas las banderas, una frase copiada de otro tirano.
Su gobierno ha manejado tan mal la industria petrolera que la produccin lleg a ser insuficiente para cumplir con los compromisos de exportacin. Y tuvo que importar algunos derivados.
Gadafi tendra que admitir que est acabado. Y debera dejar de ensangrentar a su pueblo.
* Sonora de Comunicaciones S.R.L.