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Han transcurrido tres dcadas desde que la democracia se entroniz en Bolivia. 30 aos en que, salvo uno que otro suceso de relativa gravedad, no se necesit del concurso de nuestros efectivos militares, al menos durante estos ltimos 6 aos, que se mantuvieron pacficamente dentro sus cuarteles horneando pan, pagando una vez al ao el bono Juancito Pinto, organizando los desfiles patrios, y usufructuando plcidamente de un presupuesto militar que creci en un 64% desde que el actual gobierno tom control del poder, haciendo un monto de Bs 808.302.030, segn fuente de eju.tv de fecha 17/01/2011.
Echando mano al lenguaje de las estadsticas, generalmente deshumanizado y fro cuando de contabilizar bajas militares se trata, estableceremos que durante estos treinta aos, providencialmente no pasaron de una docena los oficiales, sub oficiales, clases o conscriptos que perdieron la vida en el cumplimiento de sus deberes o en medio de acciones violentas que requirieron su concurso, como es el caso de las FF.AA. de pases como el colombiano, el israel y muchos otros que libran a diario fieros combates en defensa de sus naciones. Por el contrario, estamos a 5 aos de jubilar la primera tongada de militares que desde cadetes hasta su actual grado de coroneles nunca conocieron otro sistema de gobierno que no sea el democrtico y no necesitan derrocar a nadie, para salvar la patria.
Dicha realidad sin embargo, no condice con la de los oficiales, sub oficiales, clases y conscriptos de la polica que, sin tener el rango o el mismo nivel salarial que el de sus camaradas de las FF.AA., casi a diario deben enfrentar desde hace treinta aos, las zurras que propinan y se hacen propinar, por parte de los distintos movimientos sociales que deciden manifestar sus protestas mediante bloqueos, marchas y paros a nivel nacional, al margen de sus infaltables encuentros con narcotraficantes, atracadores y todo jaez de alimaas que atentan contra la seguridad ciudadana.
Las relaciones del gobierno con la polica se han ido resquebrajando a raz de las medidas que ste adopt contra la institucin. Caranavi y Chaparina generaron los primeros roces y, el privarlas de otorgar licencias de conducir y cdulas de identidad, actividades que se haban convertido en focos de corrupcin, fueron la gota que colm el vaso. Tales medidas se agravaron con el nombramiento de un comandante interino y asimilado en flagrante violacin a los reglamentos de ese organismo y a cambio slo recibieron amenazas de despido y baja.
Sera un absurdo oponerse al potenciamiento de nuestras FF.AA., al contrario, ellas deben contar con todo nuestro apoyo, empero, no por ello se debera olvidar el cuidado que merece nuestra principal institucin del orden y quizs asimilarla a la primera, como una cuarta fuerza con carcter de guardia nacional con los mismos derechos y deberes que tienen las FF.AA. De esta manera impediramos a futuro toda divergencia y evitaramos tal vez, que el pas se debata entre la amenaza de caer entre la bota militar o el botn policial.