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Dos condiciones bsicas para entender la democracia. La legalidad de origen (el voto) y la legalidad de la gestin que significa reconocer y respetar el Estado de Derecho, es decir, la constitucin y las leyes. De manera que el voto no lo es todo para definir una democracia.
Nacer a la democracia es tan importante como hacer democracia. Y lo que tenemos en Bolivia, es la repeticin incesante del voto y el irrespeto y violacin de la ley permanente. Por tanto, no hay democracia. Y ese vaci que se produce cuando la ley est subordinada a la voluntad de un individuo, se convierte en dictadura. Dictadura militar por mandato institucional o dictadura civil por mandato sindical, camuflado como movimientos sociales, son al final las dos caras de una misma moneda.
Cuando los generales tomaban el gobierno y se declaraban tutores de la sociedad, asuman ante s y para s las decisiones que ellos consideraban convenientes, en nombre la Patria. Ahora tenemos un gobierno que controla y manda sobre los rganos de poder y los subordina a su inters en nombre del pueblo. Tanto en uno como en otro se persigue, se anula o se asesina al disidente u opositor, porque se lo considera enemigo del rgimen y de sus polticas, que para el dictador son la nica verdad.
Esta verdad, tiene doble cara: por un lado se muestra lo que el dictador piensa que son victorias socialistas sobre el capitalismo y en ese afn se utiliza la economa con un sentido asistencialista, benefactor y prebendalista, cuyo xito depende de la cantidad de ingresos que dispone. Caso venezolano, donde la aplicacin de una poltica econmica de gasto incesante con fines de apoyo y control poltico interno y externo ha terminado debilitndola al punto que no puede resolver la demanda interna de bienes y servicios. Y el caso boliviano que en comparacin con el venezolano tiene resultados distintos, porque a pesar de todo el discurso socialista, en la praxis el neoliberalismo se ha sostenido en todas las reas de actividad econmica, donde los precios y costos de produccin se definen por el mercado con intervenciones previsionales por parte del Estado y donde los experimentos estatales para competir con el sector privado, creando empresas, es un rotundo fracaso disfrazado por discursos antiimperialistas que no han llegado a significar, an, un drenaje de gasto fiscal.
En suma tenemos realidades diferentes que dependen del grado de intervencin estatal que se produce. Lo cierto es que en ambos la inversin extranjera directa brilla por su ausencia, lo cual es un indicador de la desconfianza que este tipo de gobiernos genera. No es lo que se dice sino lo que se hace, pero adems lo que se piensa.
Pues bien a todo esto se acostumbran los dictadores, se acostumbran a vivir bien, a gastar lo que no es suyo, a disponer de la vida de los dems como crean, a mandar sin discusiones y a pensar que sin ellos el mundo dejar de existir. A un dictador no se le ocurre dar paso a la alternancia del poder, no se le ocurre escuchar al contrario, no se le ocurre respetar los derechos humanos porque no respeta la ley, solo cree en s mismo y en su verdad que es la realidad que vive todos los das, rodeado de bienestar y de lujos dando discursos aqu y all como si fueran ctedras de conocimiento, inaugurando obras que son en realidad gastos insumidos en corrupcin, todo esto no est el dictador dispuesto a perder, a ceder o a entregar a quien considera sus enemigos.
Por esto no creo que Evo Morales tenga la voluntad de respetar resultados electorales, de dialogar o debatir con la oposicin menos de cumplir con su mandato. Y no podemos decir que no nos lo ha advertido, al contrario, dijo con toda claridad que l no es inquilino del Palacio sino dueo para los prximos quinientos aos, que nunca ms los karas (blancos) volvern a ser gobierno y que la historia boliviana ha comenzado junto con l. Todas estas expresiones han tenido, hasta ahora, el resultado de las tres elecciones tramposas con votos de muertos y lugares donde el cien por ciento le ha correspondido, y donde a falta de voto est el Tribunal Supremo Electoral para validar su voluntad o est el Tribunal Supremo de Justicia o la Fiscala General de la Nacin o el Tribunal Supremo Constitucional, es decir todo el poder judicial. Nada necesita si tenemos en cuenta que ha logrado doblegar a las Fuerzas Armadas de la Nacin, que ahora gritan socialismo o muerte.
Con este poder acumulado, qu peligro puede representar un Gobernador o un Alcalde? Si tiene dinero para corromper, armas para imponer y coca para exportar? Las cartas, de este proceso, han sido jugadas el mismo 17 de octubre de 2003 esa conspiracin que sirvi para convertir a Bolivia en el territorio libre de la coca y la cocana, para destrozar la economa del gas, que ahora ms que antes, es dependiente del capital extranjero y para destruir la institucionalidad edificada con tanto esfuerzo desde el retorno a la democracia en 1982.
No sueen como nios los que ven en victorias municipales y regionales el fin de su mandato, no lo es, y eso est lejos de producirse, al contrario hay armas y formaciones para militares que en su momento podrn a las Fuerzas Armadas en una difcil situacin y al pueblo en el paredn.