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En un anteriorartculohicimos nfasis en que a pesar del sepulcral silencio que se cerna sobre el accidente de la lnea area (LaMia) con el infausto resultado de decenas de muertos, al emitirse un informe oficial de parte de nuestras autoridades, sealandoal piloto y a la empresa como nicos responsables de tan lamentable tragedia, era menester esperar el informe de las autoridades colombianas que, segn el Convenio de Chicago, son las nicas responsables de investigar y presentar dicho testimonio.
En efecto, hace unas horas, los medios de comunicacin internacional dedicaron inusualmente largos espacios de tiempo, para cubrir dicho informe preliminar que tira por la borda la afirmacin gubernamental.
Si bien es cierto que la irresponsabilidad casi suicida del piloto tuvo parte en la consumacin de esta desgracia, no es menos cierto que echarle toda la culpa es desatinado, ya que las pruebas demuestran fehacientemente, que la falta de cumplimiento de deberes de las autoridades nacionales tuvieron mucho que ver en esta tragedia, como la autorizacin de parte de AASANA para que la aeronave pudiese volar por encima de los 29.000 pies, sin la certificacin que se requiere para subir hasta esa altura; o que el avin deba tener un segundo aeropuerto alterno en su plan de vuelo,pero solo registr el de Bogot y; que la nave siniestrada volaba con un sobrepeso de ms de una tonelada de lo permitido.
A esa suerte de irregularidades se suman las infortunadas declaraciones de nuestras autoridades, como una supuesta manipulacin de los colombianos para perjudicar a nuestro gobierno, que lo nico que logran es enrarecer las investigaciones y dar pbulo a que existe mucho ms detrs de esta tragedia.
Est probado que el manejo de esta informacin est muy lejos de embaucar a los organismos expertos en esta clase de accidentes, pues no se trata de un asunto poltico y, ms bien, se trata de una catstrofe donde se han visto involucrados varios pases y clebres personajes del mundo del deporte y de la prensa.
Impostar con medias verdades, para distraer lo que se quiere hacer creer en el fondo, no sirve en este tipo de situacin. Aqu no se trata de hacernos discutir si nuestro presidente se reelige por otros quinientos aoso que se cancelan todos los referndums que disponan lo contrario;tampoco de discutir si la Cancha Zapata seguir conservando su nombre o ser cambiado por el de La Calancha o si el agua en La Paz llegar cuando el sol y las estrellas vuelvan a aparecer en el firmamento.
Todas esas ambigedades slo nos imposibilitan ver la verdadera realidad, que consiste en que la Nave del Estado se est quedando sincombustible y sin el debido blindaje para resistir la cada; su tripulacin cree que su vuelo est a la altura correcta y porta un terrible sobrepeso que podra determinar que se estrelle en medio de ese mar de imposturas que ha creado con la mentirocracia.