Martes 25 de junio 2024

A la Madre de todas las Madres



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En esta fecha sagrada, cuando los bolivianos rendimos el más sentido y fervoroso homenaje a nuestras madres, evocando a ese ser maravilloso, en cuyo regazo   encontramos la paz, como un faro eterno de noches sin fin, con una luz que jamás se extingue. De lo más profundo de nuestro ser emerge ese amor por todo lo que nos dio; por ser nuestra estrella y la cuna que forjó con sus manos y  cobijó nuestros sueños y esperanzas.



Por eso y por todo lo que de ella recibimos, hoy deseamos agasajar a la Santísima Virgen María, Madre del hijo de Dios y madre nuestra, en la que se encarna el sentimiento de todas las madres del Universo.



Mientras que en muchas culturas y religiones, la figura de la madre es venerada y asociada sólo con la fertilidad, el cuidado y el amor absolutos, en el catolicismo, la Virgen es una figura materna importante, cuya misión ecuménica es la de ayudar e interceder ante Dios, por todas las personas. Esta misión nace del mismo instante en que Jesús pendía de la cruz y manifestó a su discípulo Juan: "Eh ahí tu madre". Convirtiéndola, desde ese mismo momento, en la madre de todos.



A la luz de las razones expuestas, consideramos que el primer lugar que ostenta el cristianismo en el mundo, con más de 2,400 millones de seguidores, estriba en la identificación que la mayoría de los cristianos hacemos de la Virgen María con nuestras propias madres, fenómeno que no se da en ninguna otra de las grandes religiones de la tierra. Es más, no existe esa creencia ecuménica que rinda culto a la mujer, de manera análoga a como la Iglesia Católica venera a la Virgen María.



Thomas Merton, escritor católico y místico, aseguró: "Como la más humilde sierva del Señor que está llena de gracia, María era el instrumento perfecto de Dios y esa es una de las razones de su importancia” En dicha afirmación, Merton coincide con la iglesia al atribuir, con duración eterna, el culto hacia ella. Coincidiendo, a su vez, con las palabras de la propia Virgen María: "Me llamarán bienaventurada todas las generaciones". Aserción perfecta, en tiempos de furor, intolerancia y guerra, cuando el ser humano pareciera encaminarse hacia el día de su extinción, descrito en el Nuevo Testamento, Libro de las Revelaciones de Juan, también conocido como el  libro de Jesucristo o Apocalipsis.



A sabiendas de que el tenor de esta entrega suene más a una prédica, que al estilo analítico y de información que la caracteriza, hacemos votos porque su contenido contribuya a neutralizar los aprestos de disociación y fragmentación en contra de la Iglesia y de todos los núcleos sociales opuestos a estos regímenes de talante populista, comunistoide y ateo que, para mantenerse eternamente en el poder, aspiran llevar a la quiebra a sus países, como en Cuba, Nicaragua, Haití, Venezuela, Argentina y otros, sembrándolos de pobreza, miseria, hambre y una abulia incurable que los prive de todos sus valores, como el valor a su propia Madre y a la Madre de todas las Madres.