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Estoy empezando a extrañar la guerra fría. Al fin y al cabo, desde que comencé en el periodismo, en los años 50, hasta que se derrumbó la URSS y terminó la guerra fría, en 1991, las crisis políticas se resolvían cuando los militares tomaban el poder y "reseteaban" la democracia para llamar a elecciones.
Es cierto, algunos militares se hicieron los quedadizos, como Hugo Banzer, que retuvo el poder durante siete años, pero casi todos los demás tuvieron la decencia de llamar a elecciones muy rápido, con lo cual se había salvado la democracia y las cosas volvían a fojas cero.
Los militares, según sus inclinaciones, mandaban a algunos políticos a las ubérrimas regiones de Beni y Pando, con los dirigentes de la COB incluidos, y luego dejaban que las cosas se reencauzaran.
Las inclinaciones de los militares eran solamente dos: eran pro Estados Unidos o pro URSS. No había más opciones.
Algunos países vecinos, como Argentina y Brasil, jugaban a ser subimperios y nos mandaban sus agentes, o militares, cuando las cosas se ponían difíciles.
En largas temporadas, los periodistas teníamos dos focos de atención: el estado mayor de las FFAA o la COB. Todo era muy claro.
Todo bien, muy bien, hasta que el comunismo mostró que fue un error, y la URSS se desplomó. Implosionó. No tenían maíz ni siquiera para producir vodka.
Fue cuando Fukuyama dijo que el mundo había llegado al fin de la historia.
Pero ahora sabemos que entonces había comenzado una nueva era política en el mundo. Algunos sospechan que la URSS no se murió, sino que se transformó, en una metamorfosis increíble, cuando se convirtió en la cabeza de las mafias del narco.
No habían podido derrotar al capitalismo proponiendo el comunismo y optaron por proponer el nar-comunismo como alternativa.
En este momento, los soldados del ejército narco de Bolivia están asediando a Rodrigo Paz y quieren que renuncie para que, en una nueva e inminente elección, gane el narco mayor, que tiene un sistema de fraude infalible.
No me acostumbro a la nueva ecuación de la política boliviana.
Quizá sea porque la propuesta del narcopoder no llega a ser una propuesta. Al fin y al cabo, la alternativa al capitalismo que proponía el comunismo estaba respaldada por una ideología, propuesta por un tipo serio, como Karl Marx.
Esta otra alternativa, en Bolivia, es de un tipo que propone hacer de Bolivia el Afganistán de Sudamérica, porque el país debe vivir de las drogas, y punto. No es coherente.
Siglo21bolivia.com