Domingo 10 de mayo 2026

Paranoia dictatorial



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En un arranque tpico del carcter paranoide que suele caracterizar a los dspotas, el Idi Amin de Venezuela ha  supuesto la especie de que el imperialismo podra haber desarrollado una tecnologa capaz  de generar el cncer que padece y que asola a  algunos mandatarios latinoamericanos, en especial a los lderes del ALBA, despus de que a su aliada y homloga argentina, Cristina Fernndez, le fuera diagnosticado el mal. Semejante acto de imbecilidad solo puede ser admisible en la mente de un autcrata que se considera superior a cualquier ser humano e invulnerable a la enfermedad y a la misma muerte.

Un comn denominador que prima entre los tiranos es el temor de perder la vida en el ejercicio de sus dictaduras y, con ella, todas las prebendas y sinecuras  de que son objeto por parte de sus adlteres. De ah que la caracterstica de toda su gestin raya siempre en atentados contra su vida y ficticias amenazas de muerte.

Al momento de morir, esta corte de rufianes se encarga de venerar a sus momias con devocin de necrfilos y como afirmaba Chesterton: El comunismo, a falta de Dios, idolatra los cadveres de sus tiranos. No hay pas comunista que no haya momificado a sus opresores, pero no por el afn egipcio de preservarlos, sino para que la masa pueda renovar su lealtad al rgimen idolatrando a un cadver ms o menos bonito; temible e intacto. 

A modo de cauterizar y distraer el sufrimiento de su pueblo, que por ms de medio siglo ha dirigido con puo de hierro, Fidel Castro ha denunciado ms de 635 atentados en contra de su vida y hoy, a sus 82 aos, todava cree que su vida est en riesgo y se permite impartir consejos de supervivencia a su mulo barines. Algo similar acaba de presenciar el mundo estupefacto, ante el pattico funeral de Kim jong Il, un tiranuelo norcoreano perteneciente a este mismo circulo de monarquas comunistas, que a los 46 aos de ominosa dictadura que ejerci su padre, sum la suya de 18, para terminar embalsamado como un Faran.

Qu diferencia abismal la existente entre el drama vivido por el ex dictador Hugo Banzer Suarez, aquejado de un cncer similar, siendo an presidente constitucional de la repblica. Tuvo el valor y la dignidad de preparar la cesin constitucional a su vicepresidente sin culpar a nadie, sin atribuir a Cuba, China, Rusia u otro pas contrario a su filosofa el sinsabor de su suerte.

Una actitud de valenta slo dable en un general de honor, que jams se replicara en un teniente coronel que ha sucumbido ante la paranoia de la dictadura.