Miércoles 08 de julio 2026

Mis derechos



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Cuando me notificaron con la noticia de que deba enfrentar un juicio por nada menos que genocidio, no pude evitar sonrer. Yo que no congeniaba con mi padre cuando l quera ensearme a cazar y no me haca gracia los conejos o las perdices o las vizcachas que traa como trofeos, ahora era nada menos que un hombre acusado del peor de los crmenes que se pueden cometer: el genocidio.

Ironas de la vida sin duda alguna. No se explican con facilidad, porque simplemente suceden. Me dejaron todo un escrito donde los acusadores hablaban de muertos y heridos, causados, por el neoliberalismo, por racismo, por razones histricas de sometimiento de los aimaras, y al final simplemente porque junto con otros ciudadanos fui Ministro de Servicios Financieros.

Que esta cartera no tenga ninguna relacin de responsabilidad con la administracin de un conflicto, pareca que no era un detalle mayor, sino una insignificancia a la que darle importancia era simplemente un error.

Deba entender que los hombres encargados de estudiar las leyes y su manera de administrarlas, tenan que tomar en cuenta, que yo no tena antecedentes de violencia en mi conducta, que estaba en una cartera de gobierno tcnica y que al final mi permanencia en el Gabinete era de 60 das, de agosto a octubre. Con esto y el hecho de que el mismo Fiscal reconoce que no particip en los hechos de fuerza ni fui parte de los responsables que tomaron decisiones en esos das, bastaba para sentir la tranquilidad suficiente de que esa notificacin era nada ms que una formalidad sin ninguna posibilidad de xito conmigo.

Con ese convencimiento, me presente a declarar en Sucre y demostrar que como Ministro de Servicios Financieros firm un Decreto Supremo por el cual se encargaba al Ministro de Defensa  a que resguarde una caravana de cisternas con gasolina para abastecer a la ciudad de La Paz.

Deba haber sospechado entonces que esas declaraciones, los descargos y todo lo que fuera de hacer, no era nada ms que una burla, porque nada de lo dijera o explicara servira para que suspendan el juicio en mi contra o al final para que me declaren inocente de semejante acusacin.

Pero testarudo como mi abuelo Jos Archondo, fui al juicio para decir lo nico que tena que decir: soy inocente, no hay pruebas de mi participacin en un genocidio y han transcurrido ms de tres aos sin que yo haya realizado ninguna gestin para entorpecer las averiguaciones que hizo el Fiscal en todo ese tiempo, por tanto este juicio a precluido.

Y aunque parezca mentira la Corte Superior de Justicia me respondi que el Cdigo de Procedimiento Penal no serva sino de referente en este caso. En otras palabras se me iba a juzgar con el mejor criterio de unos jueces sobre cuyas cabezas pendan juicios por prevaricato.

Y solo entonces, cuando las instancias de explicacin se agotaron decid buscar refugio, para no ser manoseado ni tratado injustamente y peor sentenciado por algo que no hice ni fue de mi responsabilidad.

Entonces pregunto: Cmo la institucin denominada Derechos Humanos, se hace la sorda, ciega y muda en mi caso?, cmo tiene la desfachatez de enviar cartas a mandatarios pidiendo que me nieguen el refugio?

Ahora que ha transcurrido el tiempo suficiente, cuando todos se dan cuenta de que la justicia es una manzana podrida en manos de los verdaderos responsables de esos hechos por los cuales se pretende sentenciarme, puedo gritar con fuerza y con la frente en alto por mis derechos, que han sido pisoteados, mancillados y desconocidos.

Nunca tuve miedo de enfrentar la Justicia, pero la justicia que se administre con imparcialidad y con la ley en la mano, no la justicia administrada por unos cipayos del Gobierno, compuesto por ciudadanos que si tienen una hoja de vida manchada con hechos de sangre y de violencia, los cuales quieren juzgarme, como si fuera parte de su pandilla.
Antes muerto que entregarme a la manos de los verdaderos genocidas.