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Me toc esta vez, en el que probablemente sea mi ltimo viaje a Europa, reencontrarme con un muy viejo amigo, que tambin es una de mis obsesiones. En el trayecto recib la visita de una amiga de hace 45 aos, Daniela Cipriani, mi compaera en la Universit Pro Deo de Roma, que ya no existe ms, por supuesto.
Mi amiga griega, Dsfina Afdonidu, no acudi a la cita, porque sigue viviendo junto a la Plaza de Atenas, donde se encontraban los filsofos de la Grecia antigua para hablar de las nuevas ideas. Ahora, dice un amigo, la Plaza de Atenas es todo el mundo, gracias a la red.
Estuve en Florencia, donde pude comprobar que, como dice el filsofo, ningn hombre vuelve al mismo ro, porque, primero, el ro ha cambiado, fluye, y tambin el hombre ha cambiado. Esta vez, adems del ro y del hombre, cambi la ribera: no me pude tomar la foto de hace 45 aos, con el Ponte Vecchio como fondo, porque en la banda donde fue tomada aquella foto ahora hay comercios, casi todos de paquistanes, que nada saben de Da Vinci, Michelangelo o Dante.
Muy cerca del Duomo de Firenze, en la librera Feltrinelli, me encontr con el viejo amigo que es tambin mi obsesin: Marco Polo, en una reciente edicin que incluye pginas en italiano antiguo y otras traducidas al italiano moderno. Tan raros son, incluso en Italia, los que tienen la costumbre de buscar libros, que un fiorentino, tan viejo como yo, me ayud a encontrar el libro que yo quera.
Me dijo que en Enaudi hay una edicin en italiano antiguo, pero que no se entiende, aunque su mayor defecto es que el libro original, como saben los polistas, no fue escrito en italiano, sino en francs del siglo XIII. El autor se llamaba Rusticello de Pisa y se dedicaba a escribir historias de caballera.
Lo sorprendente de esta historia, lo que te deja con la boca abierta, es que el libro que Rusticello escribi en la crcel de Gnova, escuchando a Marco Polo, en francs rstico, la nica prueba del viaje, se perdi. Y todo lo que se sabe del increble viaje de Polo a Catay es producto de versiones inverosmiles. Literatura.
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