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Con la misma recurrencia que suele caracterizar el comportamiento de un hmster, los pases que abrazaron la doctrina comunista, pese al fracaso de ese experimento en la antigua Unin Sovitica que dur slo 70 aos, hasta su estrepitoso desplome, patticamente simbolizado por la cada del muro de Berln en noviembre de 1989, varios pases, especialmente del tercer mundo, no se cansaron de repetirla, como fue el caso de Cuba, donde dur sesenta aos y, as por delante algunos otros, como los que se adscribieron al Socialismo del Siglo XXI, donde dicho ensayo slo dur veinte aos, dejando a sus pueblos sumidos en la ms espantosa pobreza y retraso.
El comn denominador que convoc a todos ellos fue siempre una feroz enemistad contra el capitalismo, ese sistema econmico y social que impera en los EE. UU. desde hace ms de 150 aos, y es la base fundamental de la riqueza y el desarrollo de esa potencia. De ah esa carrera frentica de algunos pueblos en sostener cruentas guerras contra ese orden, pugna que los llev siempre a su derrota, para luego adscribirse a esa doctrina que combatieron y,como el Vietnam, comenzar a crecer y convertirse en potencias.
Lamentablemente para el sistema comunista no existe sobre el orbe un solo pas que pueda servirnos de ejemplo o modelo para imitarlo, pues hasta el propio Fidel Castro reconoci que: El modelo econmico cubano ya no funciona ni siquiera para los cubanos, seguramente convencido de que la planificacin est basada en la libertad individual y en la iniciativa privada e inspirado quizs, en la parbola de Cristo que reza: El buen Pastor da su vida por sus ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no le pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Entonces, no es de extraarnos cuando asistimos al derrumbe del Socialismo del Siglo XXI, ese engendro desahuciado hasta por su propio padre y mentor Heinz Dietrich Steffan, que slo sirvi de careta a los regmenes populistas que se entronizaron en el poder bajo su egida.
Ese efecto de cada domin, al que los latinoamericanos asistimos azorados, nos sita frente a una Venezuela destrozada moral y econmicamente, por ese afn de sus circunstanciales gobernantes de perennizarse en el poder a cualquier costo, al haber cerrado todas las reglas democrticas del juego y hasta las puertas de escape.
Algo similar viene aconteciendo en Nicaragua, principal bastin del castrochavismo en el Caribe, donde una eclosin popular ocasionada por protestas contra reformas al Seguro Social deton dicho jaleo, con un luctuoso saldo de muertos y heridos. A pesar de que el gobierno derog la controversial medida, el pueblo persiste en mostrar su hasto hacia ese rgimen que ya lleva once aos en el poder y ha cobrado un carcter monrquico al haber colocado a la esposa del Mandatario como vicepresidenta y un irrefrenable afn de perpetuarse, pese a los fracasos recurrentes.