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Jair Bolsonaro ha hecho un gran descubrimiento de la ciencia poltica: cuando hay grandes problemas, la gente espera que alguien hable claro. Y lo apoya.
Muchos creyeron que haba exagerado, que haba herido algunas sensibilidades, pero el escrutinio de los votos mostr que estuvo acertado.
En suma, el electorado quiere que se le hable claro, no con las claves y retrucanos sinuosos de los polticos que quieren decir algo pero terminan sin decir nada.
Aqu, en Bolivia, ningn candidato ha hablado claro. Las propuestas que han hecho parecen las respuestas de niitos muy aplicados respondiendo a la maestra. Y eso le encanta a la dictadura.
Los aspirantes bolivianos tienen una gran ventaja respecto de Bolsonaro: en Brasil no fue destruida la justicia, como, en cambio, ocurri aqu y en Venezuela.
Podran hablar, si se atrevieran, de que en Bolivia todo ha sido destruido, incluida la justicia, dos veces, y que es preciso aplicar un programa de reconstruccin nacional. Pero se nota que no tienen las agallas para hacerlo.
Siguen siendo burcratas de la poltica, nios aplicados que no han entendido que aqu se produjo un cataclismo poltico y que es preciso poner las cosas en su lugar.
Bolsonaro lo ha sugerido solamente, pero el narcotrfico ha penetrado en la sociedad, en la economa y en la poltica de Brasil. Hace tres meses, el capo del PPC (Primer Comando da Capital), Marcola, descendiente de cochabambinos, hizo conocer el Cdigo Penal de su organizacin mafiosa, que abarca trece estados brasileos y grandes territorios de Bolivia y Paraguay.
El ms grande pas de Sudamrica es amenazado por una mafia de narcotraficantes que le dan valor agregado a la droga que reciben de Bolivia, alimentan a miles de favelas y estn creando una realidad diferente, como lo demuestra el cdigo penal del PPC.
Para Brasil, un pas que tiene un PIB de 11,3 millones de millones (billones de veras) de dlares, eso podra sonar a poco, pero para Bolivia, que tiene apenas un PIB de 30.000 millones, la cosa es muy seria, sobre todo si se considera que la actividad del narcotrfico duplica ese monto.
En suma, que aqu hay que hablar en serio sobre la poltica. El electorado est maduro para entender que a grandes males, grandes remedios. Lo ha probado Bolsonaro en Brasil.
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