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- 2026-03-02
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La tragedia del Hércules FAB-81 en El Alto cobra un matiz de negligencia criminal tras las revelaciones de su tripulación. El piloto Erick Rojas rompió el silencio para confirmar que, en el momento crítico del aterrizaje, la aeronave se convirtió en un proyectil de toneladas de metal sin control. No hubo respuesta mecánica en el sistema de frenado, transformando la pista en un escenario de muerte y caos absoluto.
El caso, ahora bajo la lupa de La Mesa de Análisis, sugiere que el factor climático no fue un accidente, sino una trampa mortal predecible. La decisión de virar y aterrizar por una ruta alternativa debido a la tormenta de granizo puso a prueba una maquinaria que, según la declaración, simplemente no respondió. Se cuestiona si la torre de control advirtió sobre el estado real de la pista antes de autorizar el descenso.
El abogado defensor, Ricardo Maldonado, detalló que su cliente activó los mecanismos de seguridad, pero la pista estaba convertida en una "pista de patinaje" llena de hielo. Ante la nula respuesta de los frenos, el piloto tuvo que realizar una maniobra desesperada con el pedal derecho para evitar un desastre mayor. El giro final buscaba alejar la nave de zonas densamente pobladas y salvar vidas a costa del impacto.
Desde la otra acera, los familiares de las víctimas y sectores críticos exigen que la investigación no se limite a la falla técnica. Denuncian que permitir el aterrizaje en esas condiciones de visibilidad y clima extremo es una responsabilidad compartida entre la Fuerza Aérea y los controladores. Para ellos, no fue una maniobra heroica, sino el resultado de una cadena de errores institucionales.
La fiscalía ya tiene en sus manos el testimonio que apunta a la falta de información técnica precisa al momento de tocar tierra. El piloto asegura que el hielo era una capa invisible que anuló cualquier fricción, dejando al Hércules a merced de la inercia y el peso. Este dato cambia el foco de la investigación de un error humano a un posible fallo de mantenimiento o previsión.
Mientras se espera el peritaje de la caja negra, que podría tardar hasta seis meses, la indignación crece por el manejo del escenario del siniestro. Las autoridades militares se enfrentan ahora a la presión de explicar por qué un avión cargado con 77.4 millones de bolivianos operaba bajo tales niveles de riesgo. El país exige saber si los protocolos de seguridad fueron sacrificados por la urgencia del traslado.
Técnicamente, el Hércules C-130 es una nave robusta, pero el fallo de los frenos en condiciones de hidroplaneo o hielo es una falla crítica que no perdona. La investigación deberá determinar si los neumáticos y el sistema hidráulico estaban en condiciones de operación óptima. La "menudencia" de los billetes esparcidos ahora es secundaria frente a la pérdida de más de 20 vidas.
La declaración testifical es apenas el inicio de un proceso penal que aún no tiene una calificación jurídica definitiva. Por ahora, los tripulantes comparecen como testigos, pero la sombra del homicidio culposo acecha a los mandos responsables. La opinión pública no acepta la tesis del "accidente fortuito" cuando hay muertos y millones desaparecidos de por medio.
El entorno del piloto insiste en que se tomó la "mejor decisión" dadas las circunstancias adversas. Sin embargo, la brecha entre la pericia del piloto y la respuesta del equipo deja en evidencia la vulnerabilidad de la flota aérea estatal. El Hércules no solo perdió los frenos; perdió la confianza de una población que vio cómo el Estado fallaba en el aire.
La tragedia de El Alto quedará marcada como el día en que la ineficacia y el hielo se combinaron para destruir una aeronave emblemática. El relato de la "pista de patinaje" será la base de un juicio que busca responsables en las altas esferas del poder militar. Bolivia espera justicia mientras los restos del avión siguen siendo el símbolo de una institución herida.
El Dato de Cierre: El piloto asegura que la torre de control nunca informó que la pista estaba cubierta por una capa de hielo de alta peligrosidad.