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Tratar de entender lo que ahora est sucediendo en Bolivia, sin previamente clarificar lo sucedido en Octubre de 2003, lleva, como a muchos, a creer que todo el proceso posterior ha sido de un cambio permanente, a tal punto, que hemos pasado del empate catastrfico al punto de bifurcacin y de ah al afianzamiento del proceso de cambio, irreversible, segn su mentor.
Pero la realidad es testaruda (Lenin) y no tiene compasin con los soadores ni sus sueos, incluida la grandeza, producto del uso diario que da el poder. Y eso es precisamente lo que golpea hoy da en el rostro de los idelogos del cambio. Todo lo actuado ha sido puesto en papel, nueva Constitucin, migracin de contratos petroleros, agrandamiento del Estado empresario, transformacin del Estado Colonial y empoderamiento de los Sindicatos en el gobierno. Pero nada de esto tiene correspondencia con la realidad.
Y es que ahora, cuando la historia descorre de a poquito lo que sucedi en octubre de 2003, que la ciudadana comienza a tener conciencia de los verdaderos intereses que financiaron y produjeron ese alzamiento delincuencial, usando al pueblo como escudo.
Con todas sus imperfecciones, la democracia entonces tena sentido. Bolivia caminaba con oportunidades de insercin social y econmica al ritmo de las difciles inversiones de riesgo, y de un programa, que el 2002, se traz la meta de agrandar la infraestructura productiva, conexiones domiciliarias de gas, carreteras vinculantes entre centros de produccin y consumo, vivienda social y lo ms importante inclusin de sectores sociales al mercado, donde sus oportunidades econmicas se expandan. En octubre de 2003, la ciudadana reclamaba participar del sistema, no atacarlo ni destrozarlo. El descontento no era de contenido anticapitalista, especialmente en El Alto, donde el sistema se reproduce en el marco de la ilegalidad y donde el negocio est por encima de la poltica.
Todo esto se confundi, por esos grupos corporativos sindicales, vanguardizados por los cocaleros, envueltos en discursos preparados por onG que les mostraban como actores del cambio. Llevando a pensar al ciudadano que se termin la era de la explotacin capitalista y se avizoraba el amanecer de un socialismo indefinido. El proceso de la capitalizacin se mostr como el rostro de intereses imperialistas y a Evo Morales como el cono del proceso de cambio.
Es decir se intercambi a un verdadero proceso econmico y social, por una figura con rostro aimara.
Las masas encandiladas por la figura, antes que por el contenido, votaron por Evo Morales y dejaron en sus manos la construccin del cambio.
Todo lo acontecido desde entonces es un pasar da a da de tumbo en tumbo, de frase en frase y de equivocaciones permanentes, ocasionadas por una lectura caprichosa, de explicaciones sociolgicas sin base estructural que pintaron con los colores de la wipala lo que terminaron por llamar el proceso de cambio.
Bolivia ha retrocedido, desde su propio nombre, hasta el colmo de estar importando alimentos por ms de trecientos millones de dlares. La base productiva nacional se ha debilitado a tal extremo que la dependencia alimentaria comienza a convertirse en otra cadena de sujecin externa.
De las contradicciones se ha pasado a las confrontaciones. Estas han tenido como respuesta la persecucin poltica envuelta en procesos jurdicos. Y sin una oposicin capaz de promover una sana competitividad poltico democrtica, el gobierno pens que todo era suyo y todo lo suyo poda manejarlo como su buen deseo se lo pida.
La confrontacin, que inicialmente se mostr como la polaridad entre el neoliberalismo y el proceso de cambio, ha devenido en ser una confrontacin entre el proceso de cambio y las demandas sociales que dieron curso a ese proceso.
El desmoronamiento del gobierno, no tiene explicacin por el combate que present una oposicin menguada, dispersa y perseguida, sino por sus propias fuerzas que le reclaman un norte, un rumbo a un proceso que nunca fue claro en explicar por donde quera llevarlos.
As de la crtica sindical, del apetito burocrtico, de la pugna por las pegas, de los espacios de poder se ha pasado al ataque directo, y entonces en vez de disparar a los neoliberales comienzan a hacerlo contra la figura, contra el cono del cambio. Evo Morales.
Quienes han visto la facilidad con la que se puede ocupar un Ministerio, se sienten ahora ms que capacitados para ocupar la silla presidencial.
La soberbia vuelve a entronarse en el Palacio y el grupo que lo ocupa, ha perdido el sentido de la realidad y trata de forzar sus tesis sociolgicas y su empecinamiento en seguir hablando de una forma y actuando de otra. Pero ya no tienen audiencia ni credibilidad.
Por eso el MAS ha pasado en cinco aos de perder una batalla en las urnas (elecciones judiciales) a perder otra en las calles (TIPNIS) y no le queda si quiere sobrevivir a todo lo actuado, que abrir una nueva Agenda Nacional.
Esta nueva Agenda Nacional no tendr xito ni ser posible sin el concurso de la oposicin, como expresin del polo opuesto que da la energa que se necesita para retomar el camino de la racionalidad. Y para que esta oposicin no sea ms que otra forma de desvirtuar las cosas, se debe proceder a dictar una amnista poltica y jurdica, que le permita a la oposicin reagruparse y actuar con sentido de responsabilidad y al gobierno el desarrollo de una poltica social y econmica coherente y segura.
De persistir el gobierno en imponer su visin de las cosas. La oposicin slo debe esperar a que el derrumbe que lo sustenta se desmorone. Esto podr tardar ms, pero ser inevitable. Es el gobierno quien pierde en este cuadro de posibilidad. Porque cuando eso suceda, ya no tendr capacidad para negociar con la oposicin sino que deber colocarse a la defensiva sin fuerzas para frenar el descontento social generalizado.
Por eso el MAS debe ahora convocar a un encuentro nacional precedido de una amnista poltica y jurdica, ahora que es cuando tiene algo de fuerza para sentarse en una mesa y exponer su Agenda.