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Hay algunos aos preados de acontecimientos histricos. En 1861 Karl Marx escribe El Capital, en Estados Unidos arranca la industria petrolera y en un laboratorio de La Paz se separa por primera vez la cocana. Un tro que habra de llegar muy lejos.
Unos aos antes Marx y Engels haban publicado el Manifiesto del partido comunista en que se propona la dictadura del proletariado, que tuvo su mejor experimento en la URSS y ya sabemos cmo termin: con el derrumbe catastrfico, sin que la potencia rival hubiera disparado un solo tiro.
Todo esto para introducir el tema de otro derrumbe: est desapareciendo la clase trabajadora en el mundo, o por lo menos la clase trabajadora asalariada y sindicalizada. Es decir que ahora habra que hablar de la dictadura de los desocupados, los eventuales, los pisacoca, los informales y otros. Muy complicado.
El 29 de septiembre comenz en Pars una reunin de la Confederacin Sindical Europea, con sindicalistas angustiados por saber lo que les espera a ellos y a todos los que, languidecientes, siguen levantando la bandera de la dictadura del proletariado.
Los sindicatos de Estados Unidos tenan 20 millones de miembros en 1979 y ahora tienen 14,5 millones, en tanto que en Inglaterra el descenso fue de 12 millones a 6,5 millones en esos mismos aos, segn datos de la OECD reproducidos por The Economist.
Es que en Estados Unidos el empleo en el sector manufacturero cay de 20 millones a 12 millones. Dice la revista que en los aos setenta, cuando haban tantos obreros trabajando en las cadenas de produccin de las fbricas se poda pensar que existiera una conciencia de clase. Pero ahora hay algunos obreros manejando computadoras que programan robots. Quiz se venga la revolucin de los Terminators.
Tan grave es la situacin que algunos dirigentes sindicales dejan que los interesados en afiliarse lo hagan por Internet, y en lugar de proponer huelgas o protestas de otro tipo, optan por proporcionar asistencia legal a los afiliados.
En muy pocos casos se da la situacin de que los sindicatos sean controlados por los partidos o por los gobiernos, pero la situacin de crisis deja abiertas muchas posibilidades.
Pero no todo est perdido. En algunos pases, como Espaa, Irlanda, Chile y Mxico, el nmero de sindicalizados ha aumentado un poco, quiz por aquello de la migracin de las industrias.
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