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Uno de los principios ticos morales previsto en la Constitucin boliviana (art. 8) es el suma quamaa, el cual significa: vivir bien, buen vivir o convivir bien (como menciona ALB, 2009, p.2).
Si nuestra predisposicin es enfocamos en el buen vivir resulta tambin oportuno que prestemos atencin a la otra cara de la moneda pues lo ms seguro en esta vida es que algn da moriremos (es decir, la muerte es parte del proceso de esta vida humana, no puede existir muerte si antes no hubo vida), por lo tanto, tambin deberamos tomar especial atencin al principio de el buen morir.
Convengamos, que casi todos hemos visto, presenciado o hemos pasado por una dura experiencia de algn familiar, amigo o conocido, que ha padecido demasiado dolor y sufrimiento antes de llegar a su deceso. De all que surgen los debates en las distintas disciplinas del saber humano concerniente a la eutanasia.
Eutanasia, homicidio y asesinato son conceptos incompatibles por cuanto es imposible que una muerte sea voluntaria y contra la voluntad de una persona. Es decir, si la muerte no es voluntaria podra ser un homicidio (art. 251 del Cdigo Penal CP), un asesinato (art. 252 del CP) o quiz un homicidio piadoso o compasivo (art. 257 del CP), pero no una eutanasia.
Advirtase que el homicidio piadoso es un ilcito penal pues si para el homicidio fueren determinantes los mviles piadosos y apremiantes las instancias del interesado, con el fin de acelerar una muerte inminente o de poner fin a graves padecimientos o lesiones corporales probablemente incurables (por ejemplo desconecta el respirador del enfermo terminal para evitar mayor sufrimiento) ser sancionado con reclusin de uno a tres aos, independientemente si el autor del hecho consigue perdn judicial o alguna atenuante, tal situacin es un delito y por ende la persona que lo haga se podra someter a un proceso penal y antecedentes judiciales.
Existe la capacidad para mantener con vida a las personas pero en aquellos casos de personas con enfermedad avanzada en grado terminal, cabe preguntarnos: Hay que realmente prolongar la vida cuando eso en realidad tan solamente significa infringir sufrimiento a toda costa?. Acompaado al enorme sufrimiento del paciente tambin sufren en demasa sus familiares.
Al igual que Convencin Americana sobre Derechos Humanos (arts. 4 y 5), la Constitucin boliviana (art. 15 y 22), se refiere al derecho a la vida, a la integridad personal, a la no tortura y al no padecimiento de tratos crueles, inhumanos o degradantes y que la dignidad y libertad son inviolables, respetarlas y protegerlas es deber primordial del Estado.
Si tomamos como perspectiva aquella prohibicin de inferir tratos inhumanos o crueles y aquella proteccin a la dignidad y a la libertad en su sentido amplio, existe el criterio que uno no debe obligar a nadie a seguir viviendo en un estado que para la otra persona es indignante o humillante.
En ese sentido, se podra hablar tanto de ortotanasia, eutanasia y de suicidio asistido, los cuales no son lo mismo. Existe una frontera entre ellos muy sutil.
La ortotanasiao muerte digna se entiende como el derecho del paciente a morir dignamente, sin el empleo de medios desproporcionados y extraordinarios para el mantenimiento de la vida, sin que eso implica el no suministro de tratamiento paliativo destinados a mitigar el dolor.
La eutanasia es la accin u omisin que acelera la muerte de un paciente desahuciado, con o sin su consentimiento, con la intencin de evitar sufrimiento y dolor. Para ello se deben seguir determinadas formalidades legales, como ser un informe del comit de biotica para el caso en particular, cumplir unos protocolos mdicos a travs de junta mdica que determinen si existe o no altas probabilidades de esperanza de vida, entre otros aspectos de rigor.
Mientras que el suicidio asistido significa proporcionar a una persona (mayormente de forma privada), los medios necesarios para poner fin a sus das; a saber, drogas, explicacin de procedimientos, prescripcin de sustancias letales, etc. En este caso, es el propio paciente quien activa el mecanismo que termina con su vida.En algunos casos, hay quienes usan este mecanismo para eludir las limitaciones legales existentes en casi todos los pases. Sin embargo, en los pases donde no exista posibilidad de la eutanasia, si es descubierto aquel cooperador necesario del suicidio asistido, podra ser sometido a un proceso penal por la consumacin del delito de homicidio piadoso.
Cabe mencionar que cuando un pas decide implementar la eutanasia en su legislacin, esta se constituye en un derechos prestacional, es decir, nace la obligacin por parte del Estado de prestar dicho servicio al administrado obviamente cumplindose todos las formalidades legales y protocolos mdicos en la materia.
En el debate sobre la eutanasia, existen las agrupaciones pro eutanasia y suicidio asistido y a su vez existen dos principales corrientes que se oponen a ella, a saber:
1) la religin (bajo el criterio de que solo Dios puede quitar la vida);
2) los simpatizantes con la teora de la pendiente deslizante, quienes pregonan que cuando se despenaliza algo no existe lmites. Es decir, se abre una puerta difcil de controlar. Existen casos en que esta situacin ha provocado la prdida de confianza en los profesionales sanitarios (por ejemplo, existen estudios que informan que en Holanda, hay ancianos que optan por irse a vivir a una residencia en Francia o Alemania porque no confan en su mdico les cuide en lugar de poner fin a sus vidas).
lvaro Gndara (especialista de la Fundacin Jimnez Daz) afirma: provocar la muerte de enfermos terminales, solo es un buen negocio para el Estado. La eutanasia es ms barata y efectiva que procurar recursos a los cuidados paliativos y a los enfermos. Sin embargo, existen quienes tambin refutan dicho argumento, mencionando que ms bien es a la inversa, sugiriendo incluso que existen grupos mdicos no ticos que se oponen a la eutanasia porque ven que se podra acabar o mermar las ganancias econmicas en torno a los cuidados mdicos al enfermo que se encuentra en su lecho de muerte, esto es, los cuantiosos gastos mdicos, enfermeras, medicamentos, equipos de terapia intensiva, entre otros.
Sea cual fuera la postura que se tenga, el punto donde todos ellos pueden converger es que as como existe el buen vivir debera existir el buen morir. Y es justamente a partir del buen morir donde se debera debatir alternativas de solucin y no cerrar los ojos ni esconder la cabeza a esta realidad.
Hoy en da en el mundo, la eutanasia es una demanda social muy mayoritaria, y esto, principalmente por enfermedades crnicas degenerativas asociadas o no al envejecimiento (cncer, fibrosis pulmonar, alzheimer, distrofia muscular, esclerosis mltiple, etc.).
Existe una variabilidad de trminos a nivel mundial sobre la eutanasia, por ejemplo, Holanda (pas pionero) la identifica como Terminacin de la vida a peticin propia; Blgica como Ley de eutanasia; regon: Ley de muerte con dignidad. California: Ley de opcin al final de la vida.Canad: Ley de ayuda mdica para morir. Australia: Ley de muerte voluntaria asistida; entre otros.
Estos eufemismos se deben al tab que existe respecto a la muerte voluntaria. El suicida fue considerado delincuente, luego pecador y despus loco (la sociedad ha medicalizado esta situacin como un trastorno mental para simplificarlo, aduciendo que si alguien opta morir dada su situacin grave y extrema de enfermedad, se debe porque a ello se suma un trastorno mental, que provoca el suicidio).
Queramos o no queramos, la muerte voluntaria es algo que sucedi, sucede y est sucediendo, por lo tanto, no podemos abstraernos a esta realidad por muy difcil o prejuiciosa que sea. Por ejemplo, Colombia se est adscribiendo a ella, va jurisprudencia constitucional y se est instituyendo determinadas formalidades para optar por la eutanasia; y, as tambin en otros pases se estn dando varios casos sobre la necesidad de la eutanasia, como ser Espaa (actualmente existen algunas comunidades autnomas que han optado por la eutanasia), Francia, entre otras.
Bajo ese escenario, adquiere un mayor protagonismo tanto la biotica como la tica del profesional mdico. Debemos ser conscientes que un enfermo no puede decidir en libertad sobre su vida si no se alivia su sufrimiento. De all que existe la medicina que alivia el sufrimiento (cuidados paliativos).
Si una sociedad decide incorporar la eutanasia en su legislacin tambin debe garantizar el acceso universal a los cuidados paliativos porque cuando la persona se encuentra plenamente consciente y lcida, puede decidir libremente y por consecuencia se le debe respetar su capacidad de autodeterminacin, de elegir su propio horizonte vital; por lo tanto, se le debe permitir que se acoja a los cuidados paliativos previamente a tomar cualquier decisin sobre su vida.
En caso de que la persona termine inconsciente antes de expresar su voluntad, se tendrn en cuenta, tanto los testimonios cercanos que atestigen su voluntad, como la prueba escrita de sus pensamientos. En caso de no haber dejado nada por escrito, alguna persona cercana podra reconstruir su discurso en forma de consentimiento, o a la manera en que lo entiende Dworkin: una reconstruccin de su integridad histrica que le otorgue coherencia a su vida o, ms bien, a su muerte. Y para ello, adquiere relevancia las formalidades legales que conlleva la eutanasia, entre ellas, el informe del Comit de Biotica adems del debido cumplimiento de los protocolos mdicos.
Ahora bien, para que una sociedad decida o no por la implementacin de la eutanasia, un mecanismo constitucional es el referndum (Art. 11-II.1 de la Constitucin boliviana) pero para llegar a ello, no es colocando una simple pregunta pues puede resultar tambin engaosa (por ejemplo, si se pregunta: estara a favor de tener una muerte digna?. No es una pregunta que encierre un verdadero entendimiento de todo el contexto que esto implica y en consecuencia seguramente muchos diran a prima facie: SI); por lo tanto, amerita previa y necesariamente una adecuada maduracin de la temtica, esto es, debates serios y pblicos con la participacin de los medios de comunicacin, debates acadmicos, cientficos, abiertos y a todo pblico, que posibiliten que la sociedad este mejor informada pues para poder tomar mejores decisiones se tiene necesariamente que estar bien informado sin perder de vista los cuidados mdicos paliativos que determinen y viabilicen nuestra autonoma de la voluntad antes de abandonar nuestra vestidura fsica.