Sábado 18 de abril 2026

La memoria como un deber social


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En estas horas de reflexin poltica, silenciosa y sin propaganda electoral, voy a echar mano de la memoria. Miro atrs y veo, como apunta el arquitecto Vctor Hugo Limpias, al pueblo aislado y solitario durante 4 siglos (durante el auge gomero solo viajaban los industriales), y que en solo 3 aos (Septiembre/1954 a Diciembre/1957) nos hayamos conectado al mundo (con los Andes, Brasil y Argentina, de golpe y porrazo) fue por un lado traumtico y por otro, providencial. El trauma nos salv de desaparecer

Vuelvo a mirar y resulta que es cierto! no desaparecimos. Aqu estamos vivos, sin olvidar que lo estamos gracias a quienes nos precedieron, a quienes se imaginaron el provenir y lo construyeron. Otros escribieron la historia: Humberto Vzquez Machicado, Enrique Finot, Hernando Sanabria, Jos Luis Roca, Isaac Sandval R., Alcides Parejas Moreno, Paula Pea Hasbn, entre muchos ms.Ynos la han legado. Algunos sembraron la audacia pionera de valores empresariales, tambin individualistas y competitivos.

Todas las generaciones le fuimos agregando lo nuestro, hasta hacer de Santa Cruz la regin emergente que es actualmente. Espacio territorial ahto de promesas y tambin dificultades, dada la complejidad contradictoria de todo capitalismo perifrico para alcanzar un desarrollo sostenible con justicia y equidad.

Si Santa Cruz es la locomotora econmica de Bolivia, la que contribuye ms a la recaudacin tributaria, la regin que ms crece en poblacin, la que atrae ms migracin interna y externa, la que produce 72 % de los alimentos que consumen sus ms de 11 millones de habitantes, la regin desde donde surge la nueva Bolivia diversa, mltiple, abigarrada y mestizaenorme responsabilidad la que nos han dado! Responsabilidad poltica, socioeconmica, cultural, medioambiental, tnica, de gnero y generacional.

Responden este presente y futuro a una estrategia de sus clases dominantes y lites locales con un horizonte de visibilidad tan a contra flecha del omnipresente centralismo andino? O es la cosecha de las disruptivas luchas regionales del siglo pasado y principios de este XXI: regalas petroleras, descentralizacin, democratizacin de alcaldas, eleccin de prefectos, manifestaciones democrticas como los Cabildos, peleando por autonoma y ahora por el federalismo de vieja data, desde Andrs Ibez? O es ambas cosas, ms otras y todo mezclado?

Aquellas fueron demandas regionales que, algunas secuestradas por el centralismo, como las autonomas actuales, se convirtieron en polticas de Estado. Este es el resultado de aquellos fructferos aos. Nada bien les cae a muchos centralistas. Es lgico, si asumimos que cuando crece la competencia en unidades territoriales que no estn separadas por fronteras, ganan credibilidad las lites locales y el argumento de que la autonoma poltica es necesaria para aumentar la competitividad econmica. En eso andamos contra los centralismos de cualquier cuo.

Me apropio de la frase de la escritora y feminista nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, para afirmar que el silencio es un lujo que no podemos permitirnos. Lo repito para sugerirle a los habitantes de Santa Cruz departamento y Santa de la Sierra capital, que debiramos mirarnos al espejo para reencontrarnos y decirnos la verdad. De dnde venimos? Adnde vamos? Tengo la impresin de que andamos perdidos al calor de una coyuntura que ha extraviado la memoria como un derecho y como un deber social.

Slo ahora que se conocen las formas superiores de la evolucin histrica de la regin, se puede ir a las inferiores, para saber cmo fue su devenir. Es decir, la comprensin holstica de La cuestin regional, transversal al desarrollo de la formacin socioeconmica crucea.

En ese orden, es necesario empezar por afirmar que el regionalismo no es separatismo. Es la expresin de un malestar y de un descontento, como afirm Jos Carlos Maritegui, frente al centralismo, all por 1928. El escritor peruano sealabaqueel fin histrico de una descentralizacin no es secesionista, sino por el contrario unionista. Se descentraliza no para separar y dividir a las regiones, sino para asegurar y perfeccionar su unidad dentro de una convivencia ms orgnica y menos coercitiva. Regionalismo no quiere decir separatismo.

Hacer referencia al pasado, es ir a las races del presente y entender los primigenios orgenes de un conflicto que oscila entre baja y alta intensidad, desde el desdn, el atraso, el despegue, el progreso, su explosin, sus desafos y sus debilidades. Entre ellas, la cultura crucea, la mestiza, que conlleva la auto identificacin territorial.
La identidad de los diversos actores sociales, hoy anda coja. Aquella lealtad autorreferencial al territorio se est perdiendo, se ha perdido, o no fue adquirida. A algunos porque no les interesaba: no tenan apego a la regin. A otros, porque son recin llegados, es decir migrantes de otras regiones del pas, en busca de su lugar en el mundo. Y otros, como punta de lanza de sus propios intereses.

Entonces, insisto: mirmonos al espejo con el derecho y el deber de la memoria. Soy crucea y boliviana.