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En medio de ese insufrible clima de horror y tragedia humana en el que nos tiene inmersos el fantasma de la guerra, no hay peor enemigo para la obscuridad que la luz y, hasta la madre naturaleza que nos sorprende con un eclipse de sol, pareciera advertirnos sobre el aciago, como lgubre destino que nos espera, de seguir por la senda del odio, la confrontacin y el desquiciamiento social.
En efecto, los bolivianos venimos experimentando tales lacras sociales desde que el Movimiento al Socialismo accedi al poder como vicario del Foro de Sao Paulo en Bolivia, pues fueron aplicando el guion de instructivos y medidas ineludibles que esa transnacional del crimen organizado escribi, y luego prescribi para sus gobiernos adictos, como una bitcora de vuelo para eternizarse en l.
No constituye ningn secreto que los medios utilizados por esta organizacin, y aplicados en todos los pases de la regin para el logro de sus aviesos objetivos, son los mismos, y estn dirigidos a disolver el tejido social, como el pregonado cambio de la Constitucin Poltica del Estado, para introducir el virus de la confrontacin, ya sea ste de corte racista, poltico, religioso, de gnero o de clase.
Habida cuenta que la citada transnacional exhibe un certificado de nacimiento de sus progenitores, expedido en la isla de Cuba, hace 64 aos, no son nada ignotos los logros que sta alcanz a lo largo de su vida comunistoide, parasitaria y populista, y menos, sobre la existencia de las naciones donde logr transferir esa fracasada tecnologa poltica como: Venezuela, Nicaragua, y aquellos que padecen todava de sus sntomas, que van desde Mxico hasta la Argentina.
Providencialmente, el resultado de las recientes elecciones del Ecuador, que han dado como ganador al joven conservador Daniel Noboa, sobre la representante del corresmo izquierdista Luisa Gonzlez, constituye una bocanada de aliento y aire fresco para esa nacin, donde la infiltracin del crimen organizado en los cuerpos de inteligencia y seguridad del Estado devinieron en el vil asesinato, en plena va pblica quitea, del candidato a la presidencia Fernando Villavicencio y el de los 6 sicarios que perpetraron el crimen, cuando ya estaban en la crcel.
La democracia est herida de muerte en el Ecuador, pues las elecciones mismas no representan necesariamente la esencia de una democracia, en cambio, lo que s la representa es la protesta popular en contra de esos mtodos delincuenciales que nunca vivieron los ecuatorianos, ni caracterizaron la sana convivencia de sus sociedades, como en las provincias en las que gan la candidata corresta, donde curiosamente las fuerzas del narcotrfico fundaron sus estados mayores.
Finalmente, esperamos que esta victoria ecuatoriana se disemine por toda la regin y muy especialmente en los pases que sufren la lacra del narcotrfico a nombre de una mal llamada institucionalidad democrtica, ese ser el momento en el que podamos experimentar el resultado del sabio proverbio de que La Seriedad Paga.