Miércoles 04 de febrero 2026

Celebrando de Octubre el gran día



142 vistas

Doa Paz de Chuquiago Marka, distinguida dama nacida hace cuatrocientos sesenta y ocho aos, se ha caracterizado siempre por su excesiva altura y una frigidez comparable a los nevados que la circundan empero, su aristocrtica figura, su clida como acogedora hoyada y el carcter hospitalario de sus ascendientes, hizo que fuera lisonjeada por nobles caciques; conquistada por ilustres espaoles; rescatada por valientes libertadores latinoamericanos; y una plyade de honrados mestizos altoperuanos que, como producto de su profundo amor, estuvieron destinados a convivir con ella.

Desde su niez fue llamada para grandes destinos, y as lo comprendieron los administradores de su inmensa fortuna, que orientaron sus esfuerzos en esa direccin. No en vano, Pedro Domingo Murillo, uno de sus ms preclaros hijos, proclam en su seno el primer grito libertario de Amrica, imbuido del orgullo de su estirpe, y dejando encendida una tea que no debe apagarse jams.

Cuando todo haca presagiar que doa Pacesa se convertira en una de las damas ms importantes del pas y del continente, un repentino proceso de involucin familiar permiti que se d fin con su dote y su riqueza. Nada explica la razn de esta suerte, pues en su casa, famosa por ser la cuna de valientes, tumba de tiranos, y crisol de la bolivianidad, su proverbial generosidad estuvo presente, para cobijar a sus ocho hermanas, con la misma ternura que lo hizo con los collas que nacieron de sus entraas. De ah que el regionalismo y las poses de un etnocentrismo obtuso, nunca anidaron en su seno.

La madre naturaleza fue prdiga con ella y desde sus breas andinas, hasta la ms profunda Amazona, se hizo presente con esa inconfundible magia que la torna noble, generosa, altiva, valiente y admirable. No en vano le fue otorgado ese justo calificativo de Ciudad Maravillosa al contemplarla extendida, como en un tlamo nupcial, usando de cabecera al majestuoso Illimani y haciendo gala de ese misterioso sincretismo que enriquece y adorna su cultura.

Como toda urbe moderna no escapa de esa vorgine de manifestaciones, paros y bloqueos que continuamente la acechan, as como de las innumerables fiestas y desfiles que detienen su marcha cotidiana, tales expresiones la tornan a veces conflictiva y difcil, como cuando en nombre del desarrollo y con vocacin de tractoristas, una legin de insensibles individuos, presa de su codicia depredadora, se aduea de sus reas verdes y tala los hermosos cerros que la circundan. Empero, asimismo, no logran desdibujar su belleza y su enigmtico atractivo.

A pocos das haber celebrado las efemrides de su nacimiento, una densa niebla cubre su inmaculado cielo, a causa de criminales incendios de los bosques que la entornan desde el trpico y el subtrpico, acto que dudamos responda a una muestra de cario a Doa Pacesa, por el contrario, en lugar de reflejar la eliminacin de todo tipo de violencia, se constituye en una afrenta a ella y una obscena forma de celebrar de Octubre el Gran Da.